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lunes, 11 de abril de 2016

Arroyo Bruno, un niño más que Cerrejón quiere asesinar

Fotografía tomada el 9 de Abril de 2016 - Autorizada para su publicación por Autoridades Tradicionales y Comunidad en general.
Por, Miguel Iván Ramírez Boscán
Cuando la intención del Cerrejón era desviar el río Ranchería, descubrí de voz de varias y varios abuelos Wayuu, que ese cuerpo de agua no era tan solo un río, sino que por el contrario, es un ser poderoso en el que habita un alma muy fuerte, la de “Perakanawa” – uno de nuestros abuelos espirituales–. Se ha dicho que por medio de sueños, Perakanawa se ha manifestado para recordarnos de sus estrechos lazos de sangre con “Wounmainkat – Nuestra Madre Tierra” y en esos mismos sueños,  él y ella han revelado sus sentimientos de tristeza porque nosotros, sus hijos, no estamos haciendo mayor cosa por impedir que sigan extirpando a "Mushaisha" de sus entrañas, quien representa, a una parte de los órganos de la Tierra, o lo que el “alijuna – no wayuu” ha llamado carbón, ese mismo carbón que parece una simple piedra, pero que ha obsesionado al Cerrejón hasta enfermar al punto de la muerte a estos tres preciosos y valiosos espíritus de nuestra Cosmovisión Wayuu.  De la tranquilidad conjunta de PerakanawaMushaisha y Wounmainkat, depende en gran parte que nos visite “Juya– nuestro padre de la lluvia”,  y evidentemente, vulnerar uno tras otro estos espíritus, ha repercutido al punto  de enfermar también nuestros propios espíritus, los cuales sufren de una enfermedad llamada indiferencia, que nos desprovee de razón y sentimiento hasta impedirnos pensar en la forma de detener el  asesinato de nuestros ancestros.
Siendo el Ranchería – Perakanawa, mi abuelo espiritual, el río de mayor caudal en nuestro territorio, puedo interpretar entonces que “El Arroyo Bruno” es su nieto, es decir que, El Bruno es un niño, un niño de la edad de los más de 5000 niños que han muerto por desnutrición en La Guajira.   Es El Bruno entonces, un niño más al que quieren desgarrarle el vientre para que no se pueda alimentar más, para que los árboles no lo visiten, para que no se vista de piedras, para que no se unte de arena o del agua que alimenta su curso, o del espíritu de nuestras visitas que le hacen saber que, como todo niño, requiere de un afecto sublime y que debemos estar dispuestos a darle, algo muy superior al amor, algo como lo que solo se le da a los niños, porque eso es El Bruno, un niño más que el Cerrejón quiere matar de desnutrición.
Ya he escrito varias veces y de hecho, incluso he dicho en ocasiones sentirme cansado de hacerlo, porque nada trasciende, a nada le prestan atención. Sin embargo algo me movió hoy para sacar estas conclusiones que han logrado incluso entumecer mis ojos produciendo lágrimas, gotitas de agua que quiero regalarte Niño Bruno, para que sepas que por lo menos hay alguien a quien le duele lo que te quieren hacer.
Son  cientos de voces a las que he escuchado decir: “Que vaina con ese Cerrejón” – expresión que acompañan con un recoger de los labios como expresando – “… ya no hay nada que hacer”…  porque qué fácil es estar enfermo del espíritu y no decir ni hacer nada, porque desde los cascos urbanos parece que creyéramos que el agua viene es de la llave, de los carro tanques o de los burritos, evidenciando una enfermedad tan grave que raya en demencia social colectiva, la misma que nos sumerge cada vez más en una crisis humanitaria que no está solo en nuestras rancherías, sino que ya está en nuestros barrios y pronto tocará a todas y a todos, porque la realidad es la que le escuché decir a un primo hace poco: “el problema radica es en que en La Guajira no hemos entendido que aquí no hay agua pa’ tanta gente”, y menos para empresas que se consumen más de la mitad de la que nos consumimos todos los guajiros a diario; pero a diario también me pregunto: ¿No vamos a hacer nada la gente que le debemos tanto a La Guajira?
Yo no escribo por vocación, lo hago por motivación, o como en este caso, por desmotivación.  Hoy escribo desmotivado por la gente que toma decisiones por nosotros, como el ANLA – La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, quien acompañada de la mano de Corpoguajira,  han dado vía libre para que sin escrúpulo alguno, El  Cerrejón se burle en nuestra casa. A estos  tres,  nada más tengo por expresarles que producen una degradante tristeza, que su decisión es irresponsable, que no habrá nada que puedan reemplazar y que quedarán en la historia como los que han asesinado al Niño Bruno.
Qué fácil es firmar papeles detrás de un escritorio, bañarse 2 veces al día, comerse las 3 comidas con sus respectivos refrigerios, moverse por nuestras tierras tomándose fotos para resaltar su degradante labor en la que aplauden a cambio de dinero el falso progreso que nos han vendido para La Guajira y que hoy contrasta con el resonar mediático de nuestros niños muriendo de física y pura hambre, hambre que desatarán aún más asesinando al Niño Bruno.
Me resisto a pensar que ya no se verán a las niñas y los niños jugando piedrita en tus riveras,  o que ya no habrán más sapos nadando en contra de tu cauce, o que ya no brotaran wayunkerras de tus barriales,  o que ya no beberán de tu agua fresca, los burros, los chivos, los tigrillos y las aves…   me resisto a solo imaginar que ya no refrescaras nuestras vidas, que no podremos chapotear en tus aguas, que no fluirás para ir de la mano con tu abuelo El Ranchería…  Pueda que en sus conciencias siga viva la idea de asesinarte, pero quiero que sepas Arroyo Bruno, que aún tenemos ganas de luchar por tu vida porque eres el Niño espiritual más grande que nuestro territorio haya concebido, porque eres tu y solo tu, el Arroyo Bruno.

@MiguelWayuu - @NotiWayuu

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