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domingo, 29 de marzo de 2015

Novelas, dilemas, arepas y empanadas entre Colombia y Venezuela.


Ayer me comí unas empanadas muy ricas, la señora que me las vendió tiene acento maracucho. Al frente de la casa de mi mamá abrieron una pizzería de propiedad y atención 100% maracucha. Una arepería que está en la “Zona Rosa” se llama “Maracuchos”. Pasé por un lugar en el centro al que iba entrando un amigo, ese lugar es una casa de apuestas deportivas y de carreras de caballos cuyos propietarios son de Maracaibo. Situaciones de este tipo llamaron mi atención porque las 4 las viví en menos de 24 horas, y atendiendo lo que veía, fue inevitable ponerme a pensar en muchas cosas más en las que quizá sin darme cuenta han ido cambiando, pero que en Maicao - La Guajira Colombiana, debido a su condición fronteriza de una u otra manera siempre hemos tenido ese contexto de convivir a través del tiempo en un sinnúmero de situaciones compartidas con Venezuela.

Recordé por ejemplo que el “TV Cable”, llegó a mi pueblo mucho antes que al resto de Colombia, porque además de la televisión Colombiana, se contrataban unos técnicos que hacían ver con nitidez las señales de canales venezolanos para disfrutar y llorar con novelas como “Pasionaria” y “Cara sucia”, programas de humor como “Bienvenidos” y “Radio Rochela”, veíamos un paralelo entre “Jota Mario” y “Gilberto Correa” quien presentaba “Súper Sábado Sensacional”, el Beisbol nos hacía reconocer a las “Águilas del Zulia” o “Los Leones de Caracas”, y como niño, ¡por supuesto que me veía “El Club de Los Tigritos”!

Pasaban los 90´s y vi la coronación de Alicia Machado en Miss Universo, me dejé crecer el pelo como los de Salserín mientras cantaba “De sol a sol” con mucho swing, me vi “Cassandra” y “Mi gorda bella”; hasta que un buen día, los canales se volcaron a difundir: “Hugo Rafael Chávez Frías”, llegaba a la presidencia de la República, y con él un programa de Televisión llamado “Aló Presidente”.

El Socialismo propuesto por Chávez trajo un rollo totalmente diferente, dejó ver un pueblo Venezolano que si fuera por lo que se veía en Televisión, jamás me hubiese dado cuenta que existía, la Venezuela de crecí viendo me hacía pensar que ese país quedaba era como por “las Europas”, allá es que dicen que “todo es perfecto”, y así se veía Venezuela, sin saber que la programación Venezolana estaba era minuciosamente diseñada para mantener el pueblo entretenido, sumiso, obeso y sin criterio alguno; con el nuevo presidente se veía otra Venezuela, la del cimarrón, la del indígena, el mestizo, el trabajador humilde, quienes sin saberlo eran la Venezuela verdadera.

Las reparticiones de los altos dividendos que dejaba el petróleo, pasó a otras dimensiones que vinculaban a más gente, no solo a los altos funcionarios de PDVSA y la corruptela gobiernista. Se diseñaron campañas para llegar a los barrios, veredas y pueblos más retirados a quienes se les había empobrecido asistencialmente. Se hicieron viviendas, se les dieron medicinas, alfabetizaron el pueblo, dieron empleo y despertó Venezuela en medio de un novedoso modelo político y económico, “El Socialismo del Siglo XXI”.

En la mayoría del vecino país se vistieron “Rojo Rojitos”, todo el mundo sonreía con las salidas de su presidente y le apoyaban incondicionalmente, había un ambiente de optimismo, esperanza y cambio en el que opinaba la gente del común, donde se visionaba una Venezuela próspera,  positiva y modelo a seguir por el resto del mundo, sin embargo por televisión también vi el golpe de estado en el 2002, donde fugazmente sacaron a Chávez, quien al volver radicalizó muchas de sus posiciones ideológicas; hubo muertos, desaparecidos, presos, exiliados, desplazados y varias empresas a las que se les gritaba la popular frase de “Expropiese”, pasando también por el cierre de medios de comunicación como RCTV, el cual vi llorando mientras actrices y presentadores le decían al presidente con el corazón en la mano que no lo cerrara.

A Colombia llegaron entonces primeramente esos Venezolanos que ya no se hallaban cómodos en su país; Rudy Rodríguez y Coraima Torres protagonizaron novelas colombianas, Ricardo Montaner presentando Realitys, y ni que decir de Osvaldo Ríos que mientras Shakira estaba en auge, el ennoviado con ella le cascaba a golpes, que aunque no me consta, lo escuche de “La Negra Candela”, gran mujer que se dedica a hablar de farándula en Colombia y se empezaba a dar esa fusión.

Si de mi país hablamos en el sentido que comento no es que nos haya tocado fácil tampoco, nuestro modelo capitalista ha hecho en cierta medida lo mismo que vivieron en aquella Venezuela, la manipulación mediática es pan de cada día, se estrena una novela casi semanal, la televisión, prensa y radio están atiborradas de publicidad que nos tienen la cabeza hueca, la corrupción política se nos es tan indiferente que parece una telenovelas más, y esa misma corrupción ha venido carcomiendo a Venezuela también, a tal punto que la crisis que se percibe se demuestra en la migración que vemos llegar a Colombia de Venezuela. El actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro es un tipo de admirar, recibir un país colapsado para intentar sostener el legado de Chávez es una tarea que debe ser bien difícil, y aunque tambaleando, ha hecho respetar su puesto, pero que aterrizando a la realidad, la gente ya está mamada de ver que los apartamentos y casas que les dieron son “cajitas de fósforo”, de qué les sirve leer y escribir si no hay buenas historias para contar, para qué los excelentes médicos importados de Cuba si no hay medicamentos, para qué recuperar PDVSA si las dinámicas petroleras han cambiado y ya no le llega plata al país, y aquellos bolívares fuertes que eran prácticamente paralelos en valor con respecto al dólar, hoy están por el suelo.

Empezar hablando de empanadas y terminar hablando de corrupción, lo expreso de la manera más respetuosa. Me nació porque si bien comente varias cosas que han llegado de Venezuela a Colombia, debo también comentar que se deben establecer alertas ante otras situaciones que se están presentando; los hogares Colombianos reciben cada vez más empleadas domésticas que vienen de Venezuela, el rebusque popular en las calles fronterizas vemos todo lo que está escaseando en Venezuela, escuché por ejemplo, que prostitutas Colombianas están “arrechísimas” (en el sentido Venezolano y Santadereano), porque la llegada de las despampanantes mujeres maracuchas les están restando sus clientes porque les cobran súper barato. Nombrando lo anterior porque también se están generando células de inseguridad, violencia y por mencionar otro ejemplo, en el pasado los carros lujosos de Maracaibo eran robados por Colombianos y venían a venderse en Colombia, hoy sucede al revés. Comento esto porque en un periódico regional, vi una primera página de un hombre golpeado casi muerto que había sido linchado porque fue sorprendido robándose un carro, mientras el hombre intentaba defenderse resaltaba el "vergación" y el "chamo", es decir, el man es maracucho; escuché de un intento de homicidio por parte de unos sicarios motorizados, donde la victima sobrevivió para contar que mientras se escapaba, el parrillero disparando gritaba “moríte mardito”… en este sentido, mis palabras las propongo para decir que Colombia y el pueblo donde vivo tenemos las puertas abiertas, así como en el pasado nos vimos sus novelas hoy les apoyamos en sus dilemas; es Maicao un lugar que acoge migrantes del mundo entero, y como le escuché a un comerciante una vez: “En Maicao usted sale a vender una loca preñá y le encargan 2 más, aquí el que no come es porque no trabaja…”, ejemplo claro de lo noble que caracteriza el aire que aquí se respira, pero a lo cual si tenía que manifestar mis preocupaciones, porque en medio de diversos planteamientos, es notorio que hay que asumir desde ya esta situación como algo urgente a tratar, se requiere de organización de la casa para mitigar impactos que quebranten más ambas sociedades.


Decirles a ustedes Venezolanos que disculpen a Colombia también, porque realmente no sabe lo que hace. Los estamos saturando de novelas de narcotraficantes, prostitutas y paramilitares. Nuestros noticieros hablan de una paz que nadie entiende. Nos estamos turisteando todo su país aprovechándonos de la devaluación de su moneda, nos comemos lo que a ustedes le escasea, la Miss Universo hoy es Colombiana y para rematar nuestro gobierno es un arrodillado de a Obama, el que los señala a ustedes como una amenaza. Ante esto le digo a ambas sociedades colapsadas: Lo que se sufre de un lado, se sufre igual en diferente contexto del otro lado, y el mañana depende es de las acciones que como pueblo unido manifestemos. Capitalismo y Socialismo han demostrado ser la misma sucia basura, de la cual ni siquiera se puede rescatar algo para reciclaje, sin ningún problema los Colombianos podremos aprender a decir “Vergación mi pana” a la vez que los Venezolanos podrán aprender a decir "Entonces primo hermano" o como en las novelas “Quiubo pues parcero”, comeremos arepas o empanadas por igual, pero en medio de esto entender que un nuevo modelo político y económico está tejiéndose si sembramos en el corazón y la conciencia a generaciones venideras responsablemente valores de respeto, amor y tolerancia entre las diversidades, para que de a poco nos podamos limpiar de la putrefacta corrupción actual, que sin duda alguna es la que nos tiene jodidos.

sábado, 28 de marzo de 2015

Los niños de La Guajira que 'lloran y no botan lágrimas'

La chicha puede ser su único alimento y la lluvia, su agua. Se desconoce cuántos niños wayúu mueren.

 
Unicef Colombia y el líder wayúu Armando Valbuena coinciden en que el país no sabe realmente cuántos niños indígenas de La Guajira fallecen.
Foto: Archivo Particular
Unicef Colombia y el líder wayúu Armando Valbuena coinciden en que el país no sabe realmente cuántos niños indígenas de La Guajira fallecen.
“Pálidos. Su cabello es amarillo o rojizo, es escaso porque se les cae. La piel es reseca. Algunos presentan llagas en su cuello y peladuras en sus partes dentales. La mirada la tienen bastante opaca; el abdomen, bastante dilatado. Las piernas son flaquiticas. Se les ven las costillas. Como los niños de Angola, en África, así... Lloran y no botan lágrimas. Algunos tienen dos años y no caminan”. Una mujer que conoce hace más de 40 años a los wayúu y quien pide no ser identificada, narra cómo el hambre mata a los niños indígenas de La Guajira.
─ ¡Este niño se está muriendo! ¿Por qué no lo han llevado al hospital? Ven, vamos. ¡Vamos a llevarlo!” ─dijo ella al ver a un pequeño acostado en una hamaca, orinado─. “Uno lo llama para ver si abre los ojitos… Y no” ─recuerda.

─ No, no, déjelo ahí. Déjelo que se muera ─le responde el padre del niño.
─ Oye, pero ¿cómo vas a hacer tú eso?
─ No, no, déjelo ahí. No se lo vaya a llevar, porque si el niño se muere en manos suyas, usted lo paga ─le advirtió el hombre.
La impotencia se apodera del cuadro. Ella revela que, en algunos casos, la autoridad indígena impide que el niño que “corre peligro de morir” sea salvado en un centro de salud. “Para los wayúu, un niño enfermo implica mucho gasto y es mejor que dios se lo lleve”.
No comprende cómo este pueblo indígena invierte, según ella, tanto dinero en un velorio. “No tienen plata para llevar el niño al hospital, comprarle medicina o hacerle su comida, pero cuando el niño muere, sacan ganado, sacan pal (sic) mes de velorio. Ahí sí hay plata, hay comida, hay festín, hay todo. Llegan todas las familias, se concentran en las rancherías, toman chirrinchi, matan chivo. Hay comida por todos lados, eso es normal aquí. Para ellos es cultura”.
Armando Valbuena, líder wayúu y expresidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), asegura que ningún wayúu impide que se auxilie a sus niños. “Es completamente falso. La sociedad guajira discrimina a la sociedad wayúu”, dice.
No obstante, Luz Ángela Artunduaga, especialista de Supervivencia y Desarrollo Infantil de Unicef para Colombia, confirma que algunas poblaciones indígenas “rechazan la parte occidental”. “Hay elementos culturales muy complejos. Las poblaciones indígenas no ayudan y, aunque los esfuerzos se ven, al Gobierno le falta acercarse más con modelos de atención pertinentes”.
Según el representante wayúu, es usual que un hospital salve la vida de un niño indígena que morirá en pocos días. “Si el niño está muriendo, sufriendo, sus padres lo llevan al hospital, pero cuando se recupera regresa a su casa, allá no hay alimento y ahí el niño muere (…) Hay muchos casos de desnutrición en La Guajira. Eso es cotidiano. Hay un total desabastecimiento de alimentos, principalmente en las áreas cercanas a las urbes. En los últimos 25 años eso ha sido normal”.
Reconoce que en el velorio sacrifican animales que son propiedad de los padres del niño fallecido. A la pregunta sobre por qué dichos animales no fueron alimento para el hijo, responde que “no se pueden sacrificar todos los animales porque se quedaría sin alimentos toda la familia”.
Crédito: Archivo particular.
En sus manos murieron cinco niños
Cinco menores de edad han fallecido ante los ojos de la mujer que habla con EL TIEMPO. A todos los sacó de rancherías. Uno de ellos pertenecía a una familia de Manaure que, cuenta, podía consumir durante una semana solo chicha de maíz. (Vea, en cifras, cómo ha aumentado la muerte de niños a medida que baja la lluvia en La Guajira)
“La mamá tenía a varios niños desnutridos, pero el que estaba más más malito fue el que pudimos llevarnos. Se le colocó su suero, se hidrató, el niño también tenía diarrea, se le compraron las medicinas, las cremas. Se le prestaron todas las ayudas, se le hizo el control, se le compró ropa, pañales, pero por mucho que se quiso, el niño no… El niño falleció, duró en el hospital cinco días”, relata.
No olvida la respuesta de la madre cuando le dijo que su hijo de un año y medio estaba mal y no aguantaría el tratamiento: “¡Ah!, bueno, entonces yo me voy para la casa, porque allá tengo los otros dos, por estar pendiente de este se me van a morir los otros”.
Le pidieron a la madre que se quedara porque, aunque no es el deber ser, ella aún alimentaba con leche materna a su bebé.
“¿Y el resto de la comida?”, se preguntaba la guajira, quien cuestiona la costumbre que tienen las madres wayúu de alimentar a sus hijos únicamente con leche materna hasta los dos o tres años de edad. “Un niño después de los seis meses necesita comida sólida: su puré, su fruta, un alimento balanceado. No solamente el seno. Ellos creen que con leche materna, mazamorra y chicha el niño se va a sostener. Además, ¡qué va a nutrir la leche de una mujer que ha parido hasta ocho hijos y no se alimenta bien!”.
“La leche materna se da hasta los dos años porque al niño se le educa para que no tome agua. Los niños wayúu son del desierto. También alimentan a los niños con granos como el maíz y el frijol, el pescado, las carnes de chivo y ovejo, y con chicha de maíz”, explica Valbuena.
La guajira también se resiste a aceptar que la esposa wayúu le sirva primero y “la mejor presa” al marido. “Al último que se le sirve es al niño. Si acaso alcanza la presa, si no se le da salsa con arroz, lo que queda en el caldero, después de que ya todo el mundo ha comido”. “Lo primero que hacen es una distribución racional de los alimentos. Atienden a las personas adultas y después a los niños”, responde, por su parte, el líder wayúu.
La mujer subraya que en La Guajira “la bienestarina es oro”. “Con la bienestarina ellos hacen arepitas, empanaditas, mazamorra, colada, hacen de todo. Ahí comen todos, no solamente los niños, comen todos”.
Crédito: Archivo particular.
“El agua es esencial… No para el ser humano, para los animales”
Los niños que habitan en las zonas rurales de La Guajira toman agua de los ‘jawei’ ─excavaciones que albergan el agua de las lluvias─. “Los wayúu quitan una nata verde que el agua tiene de tanto estar depositada ahí. Allí toman agua los animales y toman las personas (…) Aquí ninguna agua es buena, ni la del mismo acueducto del pueblo. Dicen que es tratada, pero hay momentos en los que hasta uno toma el agua y le da diarrea, le da dolor de estómago”, narra la mujer. Lamenta que en los sitios apartados no haya recolección de basuras, alcantarillado y acueducto. “Las necesidades fisiológicas las hacen a campo abierto. No hay inodoros”.
Precisamente, las dos primeras causas de mortalidad en menores de cinco años en Colombia son la Enfermedad Diarreica Aguda (EDA) y la Infección Respiratoria Aguda (IRA). “Están asociadas fundamentalmente a la pobreza; es decir, cuando los niños no están en condiciones medioambientales o en condiciones óptimas de acceso a los servicios de salud, su casa no goza de los mejores estándares de limpieza y no tienen una buena alimentación, las posibilidades de adquirir una enfermedad aumentan. Son causas comunes en países en vía de desarrollo. Lo más triste es que son evitables”, señala Artunduaga. (Lea: Tragedia humanitaria en Chocó: 19 niños muertos por problemas de agua)
“Con un balde de agua bañan hasta tres y cuatro niños. La mamá se humedece las manos y las pasa por el cuerpecito del niño, entonces no le hacen un buen baño, no le quitan el sucio de la cabeza y se le forman costras, granos”, revela la mujer. Con ella coincide el líder wayúu: “Usan entre medio litro y un litro de agua para el baño de un niño (…) Somos pueblos del desierto: el agua es esencial… No para el ser humano, para los animales que se venden en el mercado. Con ese dinero se compran los alimentos necesarios para la familia”.
Aunque Artunduaga destaca que “está más que comprobado que el lavado de las manos en los momentos críticos del día -después de cambiar el pañal, antes de comer y después de ir al baño- disminuye la diarrea en un 50 % y la infección respiratoria en un 25 %”, en La Guajira este hábito está lejos de su cotidianidad. “Los wayúu dicen: ‘Si no hay agua ni pa’ tomar, ahora voy a estar gastando agua pa’ lavar las manos’”, recuerda la guajira.
Crédito: Archivo EL TIEMPO.

El niño indígena tiene más probabilidades de morir
Según los datos más recientes del Ministerio de Salud, en el 2012 murieron 23 niños menores de 5 años por cada 100.000 en La Guajira.
“Saber que en el 2013 seis millones de niños murieron en el mundo antes de su quinto cumpleaños es algo que todavía nos asusta. Honestamente, pienso que a ningún ser humano le debe pasar algo tan terrible como morir por razones totalmente prevenibles o aún peor, morir solo, en la calle o porque no tiene dinero para pagar medicamentos”, comenta Luisa Brumana, asesora regional de Salud de la Oficina de UNICEF para América Latina y el Caribe.
Artunduaga afirma que los niños colombianos con más probabilidad de morir pertenecen a las poblaciones indígenas y afrodescendientes, que son “rurales y dispersas”. “No existen servicios de salud apropiados a la cosmogonía o a la cultura. Las poblaciones tienen que desplazarse muchísimo, como los indígenas awá, que viajan hasta ocho horas en chalupa para poder llegar a un centro de atención. Es posible que cuando lleguen, ese niño ya esté en un estado crítico”.
En La Guajira, la distancia también dificulta el servicio de la salud. La mujer reconoce que han sido “bastantes” las brigadas de salud requeridas, pero que jamás llegan. La lejanía también aumenta el número de casos de desnutrición en Uribia, Manaure, Riohacha y Maicao. Transportar alimentos a corregimientos alejados puede costar hasta cuatro millones de pesos -según la mujer-, un precio que se queda corto en invierno. “Ni pagando cinco millones la gente va porque la trocha destroza el carro o los atracan en el camino. Si una persona con hambre ve que pasa un carro con comida, lo atraca”.
El difícil momento que vive Venezuela también lo padecen los niños wayúu, anota la mujer. “Si a uno le dejan pasar algo es un plátano o una yuca. Los guardias venezolanos dañan los alimentos, las carnes”. Por su lado, Valbuena también reconoce que la crisis del vecino país afecta a su pueblo. “El sistema alimentario del norte de La Guajira depende de Venezuela. Cuando cierran la frontera significa que no hay alimentos en toda la Península”. Sin dudarlo, afirma que el Estado colombiano los olvidó.
Las muertes que difícilmente se conocerán
En el 2012, fallecieron 43 niños indígenas por cada 100.000 niños menores de 5 años en el país. Esta cifra podría ser mucho mayor, así lo constatan la guajira, Unicef Colombia y el líder wayúu.
“Aquí hay muchos niños que mueren, pero en el monte. Los entierran y no los reportan al hospital”, dice la mujer.
El problema del subregistro también lo señala la experta de Unicef Colombia. “El porcentaje de la población indígena está en 5,4 %, no representa mucho, pero es el que suma la mayoría de las muertes de los niños en este país. Y eso que hay muchas muertes infantiles que no se registran. Estoy casi segura de que en La Guajira hay muchas más muertes de las que están registradas en las estadísticas y eso lo digo por la experiencia que hemos tenido con un proyecto, en el que, para el indígena wayúu, el niño no tiene valor hasta cuando cumple cierta edad, porque ese niño tiene la posibilidad de morirse, entonces en sus valores sociales hay que esperar a que crezca y una vez crezca empieza a hacer parte de la familia”.
“Si el niño muere en un centro de atención de salud, simplemente lo retiran y se lo llevan para su casa, para su respectivo velorio, pero al wayúu no le interesa reportar eso al sistema de salud porque es inoficioso. La burocracia toma nota y aumenta los números. El año pasado, la estadística de desnutrición sirvió para que los gobernantes sustentaran la necesidad de nuevos pozos de agua. Se invirtió en el acueducto de las áreas urbanas, mas no en el del pueblo wayúu. Ven las cifras como una oportunidad para resolver la situación de agua de la cultura dominante, no de la cultura dominada”, argumenta Valbuena.
Crédito. Archivo EL TIEMPO.
“Promedios nacionales esconden grandes inequidades”
Brumana celebra que en las últimas dos décadas, Colombia haya reducido el número de muertes de niños en un 50 %, pero insiste en que el reto ahora está en disminuir el número de fallecimientos neonatales –los que ocurren en el primer mes de vida-. Su opinión la comparte Artunduaga, quien advierte que “desafortunadamente, los promedios nacionales esconden las grandes inequidades que tiene el país”. En ese sentido, afirma que el gran reto es “llegar a las poblaciones indígenas, afrodescendientes y rurales”.
“En muchas ocasiones, no está el acceso o los prestadores del servicio de salud no dan las orientaciones adecuadas para que los niños no se enfermen. No hay una capacidad suficiente de las instituciones de Gobierno, e inclusive de las privadas, para poder hacerle una oferta adecuada a la población y que llegue a todo el mundo”, explica la representante de Unicef en el país.
“Tanta plata que tiene este país y tanta plata que no llega a la infancia. Hay una situación bastante compleja en términos de los gobernantes, el manejo de los recursos y la asertividad de las políticas públicas. Yo no sé cuántos millones de pesos ha gastado La Guajira para poder atender el tema de agua cuando es una necesidad básica”, añade.
Brumana, quien ha trabajado en Angola –un país de África subsahariana que en el 2013 registró 153.000 muertes de niños menores de 5 años-, sueña con que en los próximos cuatro años “las gestiones de salud y nutrición en América Latina y el Caribe sean puestas en las agendas de los gobiernos, para que nadie pretenda evitar el tema… Está ahí, es un problema y tenemos que encontrar una solución”.
Desde el pasado mes de diciembre, Unicef busca recaudar $1.382.000.000 para desarrollar un sistema de agua potable en las escuelas de Manaure, el cual beneficiará a más de 1.500 personas. Hasta ahora se han recolectado más de $200.000.000. Si quiere solidaridarzarse con esta causa, pida su #DeseoQueAyuda aquí.
MARÍA DEL PILAR CAMARGO CRUZ
Redacción EL TIEMPO
@PilarCCruz
pilcam@eltiempo.com

Tomado de:  http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/desnutricion-en-la-guajira-los-ninos-wayuu-que-lloran-y-no-botan-lagrimas/15450336

La muerte de los niños wayuu es culpa es de los guajiros

Este joven se rebela en contra la gente de su departamento
Por: Juan David Cruz Negrete marzo 27, 2015
"Nota Ciudadana" es un espacio generado por nuestros lectores y no refleja o compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.CO
La muerte de los niños wayuu es culpa es de los guajiros




Podría fácilmente comenzar escribiendo algo como “no me indigna la muerte de los niños Wayuu, ¿por qué, si a sus padres, a su pueblo no les duele por qué ha de dolerme a mí?”; y de hecho comienzo así.
Es fácil postear en Facebook o Twitter las noticias de los medios cada vez que se sabe que otro niño Wayuu ha muerto. ¿Cuántos niños han muerto ya?, parece que no está clara la cifra, ni les importa. Lo cierto es que a mí sí me indigna. Es como si jugaran con la vida de los suyos, como si la vida no importara. ¿A qué grado de inconsciencia se ha llegado?
Ante la pregunta ¿Quién es el culpable de dichas muertes?, yo tengo muy clara la respuesta; la culpa es de los guajiros y me permito incluir a los indígenas wayuu. Ya es hora que ustedes, sí, los guajiros asuman su responsabilidad.
Cada vez que estalla la noticia de una nueva muerte comienzan a culpar al gobierno nacional o a la gobernación departamental- Ajá, ¿y el pueblo, qué? No es que defienda a dichos gobiernos, que de hecho, me indignan, me dan asco; pero ¿cuándo miramos a los guajiros?
En La Guajira están al parecer muy conformes con el contrabando, con el carbón, con los gaseoductos y sobr todo, con sus gobiernos corruptos. ¿Por qué la vecina siempre vota por el mismo politiquero? ¿por qué si no tienen nunca agua potable, siempre eligen a la misma calaña de gobernante? ¿por qué si hay tanta reiteración en muertes de niños wayuu, siempre sus familias, y los guajiros que se enteran, escogen a los mismos dirigentes?
Es fácil echarle la culpa a otra persona, pero lamento decir que la culpa es de ustedes, guajiros. Todos aquellos adultos de La Guajira, todos, los que han votado por los mismos gobernantes desde siempre, son los culpables de la muerte de todos los niños wayuu, de que sus padres no tengan empleo, de que los wayuu no tengan agua potable, que no tengan seguridad alimentaria. Si es porque no les importan los indígenas. Permítanme decirles, que de ustedes es la culpa de no tener agua potable, de tener de los peores índices educativos en Colombia, y por tanto, de los peores en el mundo. Es su culpa no tener infraestructura, es su culpa tener un sistema de salud bastante maltratado, sin hablar del sistema de salud de los wayuu –el cual es un chiste mayúsculo, descarado y sanguinario-.
Tengo 23 años, 22 los viví en La Guajira, apenas he votado una vez a gobernación y fue en blanco. A la alcaldía de mi natal Albania, dos veces, las dos en blanco. Los candidatos no están, no, no están a la altura de los problemas del departamento, y yo no quería tener que cargar con la consciencia de matar niños wayuu, de que hubiese muertes por complicaciones en “hospitales” de mala calidad, de que hubiese graduados mal preparados en el departamento.
Aún así, como guajiro, soy culpable.
Traté, desde antes de tener 18 años, y después, de movilizar a mis conocidos: “No voten por los Kikos, Ñoños, Acuñas… No por los mismos, no le demos voz a quienes no hablaran por nosotros y, sobre todo, no tienen competencias para hacerlo”. Pero siempre votaban por ellos, iban a las caminatas con vallenato de los mismos candidatos, pedían la gaseosa para votar, pedían favores a los “caudillos”. No sabían pero estaban sentenciando a más niños wayuu, matando el flaco futuro de La Guajira que cada vez parece ser menos prometedor.
Ustedes guajiros, son los culpables. Ningún político les ha obligado a escogerlos; pero ustedes sí han forzado las muertes, no sólo de aquellos inocentes, sino de los que están por llegar.

Tomado de:  http://www.las2orillas.co/la-muerte-de-los-ninos-wayuu-es-culpa-es-de-los-guajiros/

Wayuu Bag: un negocio redondo a costa del patrimonio cultural

Esta mujer wayuu cuenta cómo funciona el business de los extranjeros que se llevan las mochilas pagando mano de obra barata
Por: Karmen Ramírez Boscán marzo 25, 2015
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Wayuu Bag: un negocio redondo a costa del patrimonio cultural




Desde que somos niñas, las wayuu aprendemos nuestras costumbres y tradiciones. Las mujeres wayuu somos creadoras, tejedoras, artistas, soñadoras. Yo no soy tejedora, soy wayunkerrera, porque lo que hago son Wayunkerras, y aunque no hablo fluidamente mi lengua tradicional, desde que tengo memoria he aprendido a hacer nuestra tradicional wayuu bag (como le dicen en inglés) o “mochila” (como se le dice en español), o simplemente “susu”, como se le llama en wayuunaiki, la lengua del pueblo Wayuu. El tipo de trabajo que hacemos se realiza a mano, sin ningún tipo de ayuda mecánica, que incluye una serie de elementos originales que le dan el certificado intrínseco de calidad natural: involucra el trabajo no sólo de una mujer sino de hasta tres, y en ocasiones el de hombres, niños y niñas, que conlleva cuando menos 20 días para que una de estas piezas de arte esté completa.
Las circunstancias de mi pueblo me hacen pensar en las historias detrás de cada mochila que, insisto, sólo puede ser comparada con una pieza de arte única e irrepetible. Estas historias deberían brindarles un valor añadido, pues son elaboradas por una artista wayuu en un país que enfrenta una situación muy difícil en términos de derechos humanos, conflicto armado, corrupción y pobreza. Desafortunadamente, son ignoradas debido a la ceguera producida por el consumismo.
La Fuerza Mujeres Wayuu, con el apoyo del Fondo Global de Mujeres, inició un proceso de fortalecimiento y empoderamiento económico hace más de ocho años en la Comunidad Wayuu Nouna de Campamento, donde, sin ser el único ni el primer ejercicio de este tipo que se desarrolla en el territorio, 40 mujeres dieron inicio al programa que se basa en el tejido como una estrategia de protección frente al conflicto armado y las violaciones de derechos humanos. El principio fundamental de esta iniciativa ha sido la protección de Wounmainkat – Nuestra Tierra, contra las amenazas de las multinacionales, a la presencia de grupos armados legales e ilegales y la reclamación de justicia. Además procura la obtención por parte de la artista de una remuneración digna por su trabajo, en aras de promover la independencia financiera de las mujeres wayuu que, entre otros factores, enfrentan la barbarie de la guerra. Tristemente, el proceso terminó solo con siete mujeres después de todo este tiempo, pero ellas han sido constantes en sus objetivos y se han comprometido con la defensa de sus derechos, al mismo tiempo que han aprovechado sus conocimientos en el tejido para sacar adelante a sus familias.
Ahora, respecto al caso de la diseñadora española Stella Rittwagen, que me ha sido enviado por varias fuentes y me motivó a escribir este artículo; debo declarar que no es el único en el que personas externas y ajenas a nuestra cultura se lucran descaradamente apropiándose de las creaciones indígenas. Esta diseñadora, que conste, declaró que ella misma fue a comprar las mochilas en las rancherías de Riohacha. No obstante, estos agravios se suman a un creciente número de agresiones hacia nuestro patrimonio inmaterial, cultural y artístico. Para comprobarlo basta con recordar el reciente escándalo que se armó por la venta del famoso sombrero ‘vueltiao’, patrimonio del pueblo Zenú de Colombia, que resultó ser “made in China” y que se pretendía vender en las calles del país.
Estas situaciones tampoco suceden únicamente en Colombia. Otras comunidades indígenas se ven afectadas alrededor del mundo, como es el caso de los Massai, un pueblo indígena seminómada que habita en el sur de Kenia y el Norte de Tanzania en el continente africano. En el 2013 varios medios electrónicos hicieron eco a la voz de Isaac Ole Tiaolo, indígena Massai y director de la organización Iniciativa de la Propiedad Intelectual Massai. Él asegura que según estadísticas de diferentes oenegés como Light Years Indigenous Peoples –especialista en asegurar los derechos de los pueblos indígenas sobre la propiedad intelectual de sus creaciones en países desarrollados–más de 80 compañías alrededor del mundo utilizan la imagen y el nombre Massai para obtener beneficios económicos.
Es pertinente también mencionar otras situaciones que con nombre propio afectan al pueblo Wayuu en su conjunto. Por ejemplo, el lanzamiento de la colección primavera–verano 2013 de la diseñadora Sophie Anderson, a quienes los medios electrónicos en el Reino Unido aclamaron por sus diseños “basados en la mochila amerindia”. A la diseñadora Anderson la califican como “de ojo particularmente ecléctico”, ya que en cada pieza combina lo moderno con lo antiguo, pero lo que más llama la atención de “su colección” es la vibración de los colores que ella combina en “sus” diseños, diseños y colores que, valga la pena decir, no son otra cosa distinta a lo que llamamos en wayuunaiki: kanaas, dibujos únicos y exclusivos de las artistas wayuu, los cuales ni siquiera existen en patrones impresos, porque cada una de nosotras los lleva guardados en la memoria.
Esta situación es sólo comparable con nuevas formas de colonización y de esclavitud, donde las mujeres wayuu han tenido que tejer en materiales de menor calidad que les permitan finalizar en tiempos súper reducidos, lo que los alijunas[1] llaman “productos” con el objetivo de cubrir la alta demanda que es subestimada por los compradores, además de ser mal pagada por los comerciantes.[1] Para una fácil comprensión, un alijuna es a un wayuu lo que un extranjero es a un nacional de un país.
Inclusive se conocen casos de “marcas” registradas que usufructúan nombres que han puesto a sus empresas perteneciendo éstos al wayuunaiki, nuestra lengua tradicional. De la misma forma utilizan los fonemas propios de nuestra lengua para poder abarcar más compradores del producto. Conocemos también casos de amenazas directas por parte de personas que están detrás de esas marcas, y que impiden el uso de nuestra lengua y tradición en las optimizaciones de los motores de búsqueda online, con el argumento de que estas palabras han sido registradas en países de Europa, utilizando el degradante juego del uso de los fonemas.
Cuando hablo del uso de los fonemas, sin ser lingüista (incluso sería interesante si un lingüista pudiera aclararme esto), me refiero a que para un estadounidense, un canadiense, un suizo o un alemán, al pronunciarles por primera vez la palabra ¨wayuu¨ ellos la escuchan como ¨why you¨ o ¨vayu¨ ¨uayu¨ o ¨uaju¨ o ¨wayo¨ o ¨wayoo¨ o como ¨wow you¨, y así la escriben cuando quieren guardar o buscar información online, por ejemplo. Conozco marcas nombradas como ¨Susu Wayúu¨ una tienda en España, ¨Pulowi¨ una marca de joyas en Colombia, Wayuu Bag en Estados Unidos, ¨Guay you¨ una iniciativa de estudiantes en Colombia, Wayuu Tribe, Mochila Bag, Wayuu Mochila, Mochila Bags, Wayuu Life, entre cientos de otros nombres de negocios que venden la mochila wayuu. Las mochilas wayuu son ofrecidas en plataformas de comercio electrónico donde se puede adaptar un perfil con lo que se conoce como un frontpage de venta, que no es más que una pagina para ofrecer productos, y hay aún más, páginas donde se pueden comprar productos, precisamente, “made in China ” al por mayor, en donde hay mochilas wayuu. Todas estas, ofertas comerciales, son manejadas por alijunas, pero ninguna por wayuus.
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No se puede dejar de mencionar a Sapia C.I. S.A.S, más conocida como Salvarte, exitosa empresa basada en la compra y venta de artesanías, que fue la primera sociedad de propiedad de Tomás y Jerónimo Uribe Moreno, los hijos del actual, e innombrable por mis letras, senador de Colombia. Según información publicada por El Espectador, Salvarte, de la cual los hijos del senador dicen que ahora son accionistas minoritarios, hoy cuenta con diez almacenes en Bogotá y exportaciones a distintos países. En 2010 empezó a reportar balances ante la Superintendencia de Sociedades, en los que registraron ingresos operacionales por $6.500 millones, ganancias brutas de casi $3.000 millones y ganancias netas de $200 millones, tras pago de impuestos. Cifras que evidentemente deberían ser cuestionables por cualquier artista indígena que alimenta con sus creaciones las arcas de empresarios de este tipo.
Pero quiero referirme en particular a dos casos que me han afectado personalmente. El primero se trata de ¨Wayoo¨ una tienda online alojada en Suiza, país en el que vivo hace tres años. Mi tienda www.wayunkerra.com, se encuentra alojada en un servidor de Estados Unidos. Como diseñadora gráfica que soy, aunque hace años no ejerzo la profesión, sé que para posicionar las búsquedas de los potenciales clientes online, hay que optimizar dichas búsquedas, lo que es conocido en el argot del e-commerce como Search Engine Optimization – SEO por sus siglas en Inglés. En las muchas conferencias y charlas que he dictado alrededor del mundo sobre la situación de derechos humanos de los pueblos indígenas en Colombia, me he dado cuenta, como lo he mencionado anteriormente, que la forma como se escriben algunas palabras depende de cómo sean escuchadas por los hablantes de un idioma particular. En el SEO de mi página de Internet, entonces, he colocado un sin límite de palabras para que la búsqueda sea productiva. Precisamente por utilizar esta estrategia de optimización de búsqueda efectiva, el día 2 de septiembre de 2013, después de haber recibido otros, me encuentro con el siguiente mensaje, que más que un mensaje, considero una intimidación o amenaza, que fue enviada a mi casilla de Facebook:
¨Estimada Karmen y Arne
Escribo con respecto a este enlace;http://www.wayunkerra.com/#!native-wayoo-bags/zoom/c9ts/image19zh Ahíi aparece el nombre de la organizsacióon “wayoo”. Wayoo es un nombre registrado y se relaciona exclusivamente con la actividad que estamos haciendo. Por razones eticas y de transparencia te piedo cordialmente que elimines el nombre wayoo de tu pagina. No quisiera tener que activar a mi abogado.
Muchas gracias de antemano.
Cordialmente. Katherine Portmann¨
Algo así como si un colombiano registrara la marca ¨Gruller¨ y le mandara abogados a un suizo que vive en Colombia por importar, o comer o hacer y vender quesos tipo Gruyère, que si bien no son una creación artística, su fabricación sí, que es un arte cuya primera referencia histórica de producción data del siglo XII.
También recibí un mensaje que, traducido del inglés al español, dice lo siguiente:
¨Hola, Mi nombre es Yessie soy de Bélgica y tengo mi propia marca de moda. Estoy interesada en distribuir las Wayuu Bags en Bélgica y hacer mi propia colección. Puede usted dejarme saber si trabaja de esta manera, si es posible agregar mi propia marca. Puede aconsejarme en precios para distribuidores.
Atentamente,
Yessie ¨
Esta dueña de su propia marca de moda de la cual nunca conocí el nombre, me pidió incluso, que quería visitar mi “fábrica”, lo que simplemente evidencia el desconocimiento absoluto de la cultura y la forma en como se trabajan las mochilas.
Otra cuestión detrás de esta realidad, es que estas marcas pretenden apropiarse de procesos de empoderamiento de mujeres indígenas que nos han costado años de trabajo y los ¨venden¨ junto con los ¨productos¨, anunciando en sus estrategias de publicidad que ¨ayudan¨ a las mujeres wayuu a mejorar sus condiciones de vida, familiares y comunitarias, publicando las fotografías de nuestros procesos sin consultarnos, cuando la realidad es que compran las mochilas en la calle 1a o en el mercado de Riohacha para luego decir que las han comprado en Venezuela, porque como sabemos, el territorio ancestral del pueblo Wayuu se encuentra dividido por las fronteras de Colombia y Venezuela.
Me asaltan aún, más cuestionamientos y preguntas que no pueden ir dirigidas sino a este tipo de empresarios que desarrollan sus capitales sin consideración por quienes intervienen en el proceso de creación de valor. ¿Qué es lo que están haciendo para garantizar el bienestar y sobre todo el buen vivir de las y los artesanos y artistas indígenas? y particularmente, ¿qué están haciendo para enfrentar estos casos en los que se desconoce la autoría de las artesanías?. Desde mi punto de vista, éste tipo de situaciones, también son de su responsabilidad y competencia.
Ante estos contextos, es pertinente que se tomen medidas drásticas y estas tienen que ser, mas que de tipo asistencialista, de tipo legal. La pregunta que sigue entonces viene siendo: ¿cuáles son las medidas que se deben aplicar? Para el caso de los sombreros ‘vueltiaos’ que son parte del patrimonio cultural del pueblo Zenú, Artesanías de Colombia aplicó sanciones de tipo económico a los importadores del sombrero ‘fake’ (falso) made in China. Dichas medidas funcionaron en Colombia, pero lo que no sabemos es si el sombrero falso se esté vendiendo en otros lugares del mundo, como tampoco sabemos si los chinos ya están planteando la producción en masa de las mochilas wayuu.
Para el caso de las mochilas wayuu, ¿cómo se puede controlar cuando una diseñadora tipo la Rittwagen de España, o la Anderson del Reino Unido o la comerciante Portman de Suiza, viajan de paseo por una o dos semanas a territorio Wayuu, bien sea de Colombia o Venezuela, se toman fotos con las mujeres wayuu para decir luego que trabajan por las mujeres indígenas, compran varias decenas de mochilas, las empacan en una maleta y las transportan como su equipaje personal, para luego hacerse famosas y ricas a costa del trabajo de las artistas wayuu?
En casos de registros de marcas que son creadas a partir de nombres indígenas y que luego prohíben su uso, pueblos indígenas como el Massai están tomando cartas en el asunto para poner límites legales, que les permitan sancionar casos como los de diseñadoras y diseñadores que lanzan colecciones sin reconocer que las y los verdaderos artistas son otros. Sin duda los Massai están marcando un precedente internacional importante en material legal que habrá que seguir con lupa y aplicar. En todo caso, también se pueden demarcar condiciones que impidan estos abusos, especialmente desde los medios de comunicación, difundiendo en el mundo cómo estos personajes utilizan piezas únicas realizadas por indígenas, pagando precios indignantes y vendiéndolos en cantidades de dinero astronómicas e insultantes.
Una mochila wayuu, elaborada en lo que en castellano se conoce como de doble hilo, que no es otra cosa que un hilo grueso de menor calidad que permite que una mochila esté terminada en menos de 5 días, vale entre 30.000 y 60.000 pesos colombianos (15 y 30 dólares estadounidenses); es decir, que la artista wayuu recibe entre 3 y 6 dólares diarios por su trabajo. Una mochila tejida con hilo fino, de alta calidad, en la que la artesana se demora 20 días para dar más de 3.000 anudadas de crochet, es vendida entre 80.000 y 120.000 pesos (40 y 60 dólares), lo que significa que la artesana recibe entre 2 y 3 dólares diarios por su trabajo. Entre tanto, diseñadoras como la Anderson, venden no solo una sino muchas mochila de las que empacan en las maletas de su viaje de turismo, hasta en 600 euros, tanto en tiendas físicas como virtuales (online).
Un tema extenso y complicado. Las medidas de control como la Denominación de Origen, pueda que funcionen efectivamente dentro del territorio colombiano, pero para proteger nuestros conocimientos tradicionales, así como otros aspectos relacionados al patrimonio cultural, intelectual e inmaterial del pueblo Wayuu e incluso de los pueblos indígenas en general, se deben aplicar instrumentos internacionales relacionados con la protección de estos derechos, incluyendo el derecho al consentimiento previo, libre e informado que nos asiste.
Es entonces también responsabilidad del Estado, y con esto no quiero decir que al respecto no se estén tomando medidas. Pero se debe hacer llegar la información a las comunidades sobre los instrumentos internacionales que contemplan estos derechos, de manera que converjan en un solo sentido, para poder mejorar lo que ya existe en el país. También es importante que se garantice la participación de hombres y mujeres indígenas en procesos de negociación internacional de los Estados donde se discuten estos temas, relacionados con nuestro conocimiento tradicional y patrimonio cultural, intelectual e inmaterial, para que podamos aportar desde nuestras experiencias y sabiduría a la obtención de soluciones que no resulten contraproducentes para las comunidades.
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En escenarios como la OMPI –Organización Mundial de la Propiedad Intelectual-, los Estados discuten temas relacionados con los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas. Sin embargo, la participación de las comunidades ha sido limitada, siendo que es justo allí donde también debemos estar.
Las mujeres wayuu que continuamos soñando con la consolidación de este proceso, estamos convencidas de que para las mujeres indígenas en general, no sólo las wayuu, se podrá conseguir que principios como el de la remuneración digna por nuestro trabajo, sólo podrá cumplirse una vez que el mundo entero valore debidamente nuestras habilidades como artistas, artesanas y creativas capaces de innovar a partir de la armonización de nuestros conocimientos tradicionales, y aún más: cuando se nos respete y reconozca también como socias comerciales, sin intermediarios. No podemos olvidar que en el pueblo Wayuu –que es uno solo, sin importar la división que han impuesto Colombia y Venezuela para marcar sus fronteras- el comercio es una de las principales actividades económicas.
De hecho, otra estrategia que estamos intentando poner en práctica desde la Iniciativa Wayunkerra Internacional, es la de avanzar más en el manejo de medios electrónicos y nuevas tecnologías, para garantizar la presencia efectiva en redes sociales y plataformas e-commerce, que promuevan el contacto directo entre las artistas que elaboran sus mochilas con los consumidores finales. Al respecto hemos adelantado alianzas incluso con mujeres indígenas Na´Savi (Mixtecas) de México, interesadas en potenciar estas estrategias de empoderamiento económico.
Lamentablemente, este tipo de procesos organizativos requiere de mucho tiempo y dinero, sobre todo cuando tienen que ver con la concientización de nosotras como mujeres indígenas para re-valorar y re-valorizar nuestro trabajo. Este es el resultado del paternalismo estatal y de las multinacionales presentes en el territorio, que simplemente han regalado hilos pensando que con limosnas se puede solucionar una situación que ha sido estratégicamente pensada para promover el empobrecimiento y el desarraigo de las comunidades.
También debo mencionar que procesos como el nuestro no el único y que existen grupos de artesanas wayuu que son altamente exitosas en sus asociaciones.
No puedo decir tampoco que todo es funesto, porque hay procesos de buenas prácticas que son emblemáticos. Artesanas que se han dado a la tarea de reivindicar el trabajo no solo desde el valor ancestral, sino también desde el valor económico que debe ser reconocido por la sociedad consumidora. También ha habido estrategias trabajadas de la mano con diseñadoras y diseñadores de talla internacional, donde se han desarrollado innovaciones maravillosas y encantadoras, que enriquecen lo tradicional.
Conozco mujeres wayuu que trabajan incansablemente en la protección del conocimiento tradicional de nuestro pueblo, a través de la aplicación e implementación de la Denominación de Origen, iniciativa importante pero pensada para proteger el nombre de un ¨producto¨ y la imitación de creaciones artísticas como la mochila wayuu, o sea que no está pensada para evitar o al menos controlar su comercialización indiscriminada. Se supone además que la Denominación de Origen debería mejorar la calidad de los ¨productos¨. Sin embargo, al no ser la mochila wayuu un producto, ha terminado reducida a esto, cuando la demanda de la misma es tal que las artistas wayuu han terminado bajando la calidad de los hilos con que se tejen las mochilas tradicionales, para abastecer un mercado que no reconoce el valor característico en cada una de las creaciones.
Solamente se tiene conocimiento de pocas iniciativas lideradas por mujeres wayuu en redes sociales, blogs y paginas de Internet. Wayuu Taya, es una fundación manejada por Patricia Velázquez, wayuu de Venezuela y famosa actriz de Hollowood. Fundación Susu Wayuu, dirigida por la wayuu Arelis Pana Epieyu. Casa Juliru, una interesante y prometedora apuesta de la también famosa escritora wayuu Estercilia Simanca que vende no mochilas sino mantas y Wayunkerra International Initiative.
Paradójicamente, las mujeres wayuu que hemos creado nuevas marcas haciendo uso de nuestro conocimiento ancestral (así como las que hemos intentado innovar a partir de lo tradicional), somos subestimadas y cuestionadas, especialmente por nuestra propia gente, por estar supuestamente enriqueciéndonos a partir de nuestra cultura, mientras que a diseñadoras o comerciantes que llegan al territorio y regatean precios con las artesanas, además de abusar de la buena fe de algunas de ellas, se les idealiza y venera. Entre tanto, este tipo de negociantes crea espectaculares y folclóricas campañas de marketing que son alabadas y altamente publicitadas por los medios fashionistas.
Para desgracia nuestra, este hecho que no es el primero seguirá alimentando los patrones de trabajo en condiciones que exponen a las mujeres wayuu –que dedican sus vidas a la tejeduría, como ya lo dije- a nuevas formas de esclavitud bajo la ilusión de la ¨ayuda¨, término judeocristiano que hace que la gente compre a través de intermediarios pensando que salvan a la comunidad. Esto promueve el hecho de que siguen haciendo a las comunidades indígenas dependientes de una cadena de consumo que les impide llegar directamente a los consumidores finales.
El hecho de que diseñadoras o diseñadores se apropien de nuestros tradicionales kanaas, palabras y fonemas para nombrar sus marcas y vender lo que laman ¨sus¨ colecciones, es cuestionado más por gente de afuera que por nosotros mismos. Pero apropiarse de un legado colectivo, transmitido de generación en generación a través del pensamiento y la palabra, como en los casos que he mencionado, solo tiene un nombre: ¡robo! Y éste delito contra el patrimonio de los pueblos indígenas, debe ser penalizado.
* Karmen Ramírez Boscán, su nombre tradicional es Wayunkerra Epinayu. Indígena Wayuu del Clan Epinayu. Escritora. Activista de los derechos de las mujeres indígenas y de los pueblos indígenas. Epaya’a Miou (Consejera Mayor) – Delegada para Relaciones Internacionales de la Sütsüin Jiyeyu Wayuu – Fuerza de Mujeres Wayuu, organización de la cuál es fundadora. Editora para Centro y Sur América del www.indigenousportal.com y del www.notiwayuu.blogspot.com En el año 2013 es homenajeada por el Fondo Global de Mujeres. Actualmente vive en Suiza donde dedica la mayor parte de su tiempo a hacer Wayunkerras de tela, ocupación que combina con su Iniciativa para Mujeres indígenas a fin de eliminar intermediarios para la venta de creaciones artísticas.
[1] Para una fácil comprensión, un alijuna es a un wayuu lo que un extranjero es a un nacional de un país.
Publicado en:  http://www.las2orillas.co/wayuu-bag-asi-se-roban-nuestro-patrimonio-cultural/ 

martes, 24 de marzo de 2015

Escuela de Comunicaciones Wayuu visitó Riohacha


La Comunidad de El Arroyo acogió a los 22 jóvenes que hacen parte de esta escuela, quienes fueron recibidos por su autoridad tradicional Reynaldo Siijona y con la presencia del Palabrero y Sabedor Cultural Ángel Amaya, quien desde su amplio conocimiento, firmeza en la palabra y fuertemente erguido a sus 95 años compartió con las y los escuelantes diferentes planteamientos con respecto al valor de “LA PALABRA” y su gran fortaleza que teje la armonía en el pueblo Wayuu, haciendo ver que muchos valores culturales se han venido perdiendo y que eso se refleja en tantos desarraigos culturales que dan como resultado tantos atropellos contra su identidad.

Empuñando lapiceros, escribiendo en libretas y en la arena, con los ojos y oídos atentos, con cámaras y grabadoras, estos jóvenes fueron construyendo historias para presentar unos productos que entregaron al finalizar la sesión, en ellos se estamparon diversos sentires que buscan propiciar espacios de debate y apoyo como un aporte para la pervivencia cultural.


 Visitar Süchiimma – real nombre de la capital de La Guajira – Riohacha, es el primer lugar de este año a visitar por parte de esta escuela, ya que se plantea el recorrer durante 10 sesiones presenciales, los lugares más representativos para el Pueblo Wayuu, teniendo en cuenta el contexto cultural, espiritual y realidades actuales; en el año pasado se visitó Maicao y Uribia y para módulos siguientes se llegará a diferentes sitios como La Makuira, Jepira - Cabo de La Vela en Colombia y en Venezuela Territorio Wayuu del Socuy y la zona urbana de Maracaibo y sus barrios habitados por Wayuu, entre muchos lugares más.

La escuela de Comunicaciones del Pueblo Wayuu no tiene una infraestructura permanente diferente al trabajo invertido por la gente que le impulsa, pero si se considera que su techo es el cielo, sus paredes el viento, los pupitres la tierra; se respira y aplica lo que se sabe cómo pueblo y lo que como comunicadores se han venido apropiando desde afuera, sobreponiendo la madurez alcanzada desde cada una de las experiencias que con compromiso han entregado para hoy sentirse con argumentos sólidos para proponerle al pueblo Wayuu esta Escuela de Comunicaciones.

Se ha proyectado que al finalizar el año 2015 éste puñado de jóvenes y luego de haber estudiado durante doce meses, recibirán el título de “Comunicadores Indígenas y Comunitarios”, para aclarar equívocos a ellos no los certificará ningún icontec, ni ministerio alguno a cualquier lado de la frontera, y no buscamos respaldo de ese tipo porque la legitimidad a nuestros procesos reposa en la autonomía de las comunidades, de su gente y la experiencia de los comunicadores Wayuu que han emprendido esta tarea, considerada como un aporte intelectual al Pueblo Wayuu.


Hoy la Red de Comunicaciones del Pueblo Wayuu se afianza más en su tarea de darse a conocer, no vendiendo nombres ni productos sino un proceso, el cual visiona políticamente el trascender de la palabra con base a lo que sucede en el Pueblo Wayuu, contado por los mismos Wayuu.


 
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