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lunes, 20 de julio de 2015

Ejemplos y sonrisas de Mayabangloma


Relatos y vivencias acerca de la 7ma Sesión de La Escuela de Comunicaciones que en esta ocasión visitó Mayabangloma en el Sur de La Guajira, contando además con el acompañamiento del Ministerio de Cultura respaldando el proceso.

Por, Miguel Iván Ramírez Boscán
Miembro de La Red de Comunicaciones
Del Pueblo Wayuu

Para esta ocasión he querido hacer un escrito sentido mucho más personal, desde lo vivido y respirado durante los días que se me han presentado la oportunidad de visitar Mayabangloma, logré dimensionar muchas situaciones que a diario se comentan entre wayuu, pero que nunca nos atrevemos a sacar hacia afuera, porque el celo y el orgullo es más fuerte que la voluntad; en el marco de la 7ma sesión de La Escuela de Comunicaciones Wayuu, con el mayor de los respetos, me permito contar mi experiencia.

Mayabangloma está compuesta por 4 comunidades que dan forma final a su nombre; Mayalitas, Bangañitas, La Gloria y La Loma, las cuales desde los años 80 venían reuniéndose en torno a la palabra intencionada con el fin de repensarse para proyectar su futuro, situación con la cual desde sus inicios recalcaban que el valor fundamental para lograr sus objetivos, debería estar basada en la unidad, con la que fortalecerían su camino que jamás les permitiera perder los horizontes claros de consolidarse de tal manera que pudieran garantizar 3 cosas esenciales, la tierra, su cultura y vivir felices entorno a las 2 anteriores.


Luego de un logro que apoyó valientemente el Movimiento Indígena Nacional, como lo es la constitución de 1991, se establecieron en Colombia parámetros que salvaguardaran y reconocieran los derechos a las culturas indígenas y los territorios que les correspondían, en ese sentido la figura de Resguardos tomó por fin protagonismo suficiente como para que hubiese la voluntad estatal de establecer criterios concisos acerca de la entrega de tierras para que las comunidades desarrollaran sus vidas en el ejercicio de gobiernos propios, siendo esta figura la que adoptó Mayabangloma, que para el año 1989 de manera Autónoma se declaran como Cabildo, siendo esta la antesala para que el 1 de Noviembre de 1994, se declarara bajo la Resolución estatal No. 046 como Resguardo Indígena.

Fonseca, al Sur de La Guajira, tomando la ruta hacia el corregimiento El Hatico, luego de pasar por un reseco Rio Ranchería, cuyos alrededores demuestran inoperancia municipal debido a que sus riveras están atiborradas de putrefacta basura, y luego de unas ostentosas fincas arroceras es el camino que conduce hasta esta comunidad, la cual contrasta abismalmente con lo anterior, ya que se percibe una comunidad que ha logrado en muchos sentidos organizarse de tal manera que el aire que se respira es de total tranquilidad y el ambiente que se percibe evidencia el trabajo invertido.

Una carretera totalmente nueva conduce hasta un retén de La Guardia Indígena, que es la que da la bienvenida anteponiendo siempre una sonrisa, árboles de cañaguate adornan dicha entrada, un colegio, casas tradicionales de barro y la emisora es lo primero que se ve, al saludar a cualquier wayuu te recibe de agradable manera también con una sonrisa para poder brindarte información, siendo una de las principales visitar al Cacique Gobernador Oscar Uriana, quien también sonríe para saludarte, y de quien se sabe es un emblemático señor que ha liderado varios procesos que son los que demarcan gran diferencia entre muchas rancherías wayuu y Mayabangloma.


Vaivenes de la vida cegaron los ojos del valiente Cacique hace algunos años, pero aún sin vista es sobre quien reposa la visión de lo que es hoy Mayabangloma, partiendo de como el mismo lo dice, - “si no hay unidad, no somos ná”, complementando sabia y orgullosamente– “La Guardia Indígena, La figura de Cabildo, de Cacique Gobernador, incluso de Resguardo, no son formas tradicionales en las que se organiza social o políticamente el Pueblo Wayuu, sin embargo Mayabangloma es clara evidencia de la habilidad que tenemos los Wayuu de apropiarnos de lo de afuera para ponerle su toque acorde a nuestros intereses, salvaguardando por supuesto nuestros usos y costumbres, pero sobre todo que nuestra gente viva bien, que tengan donde tener su enramada, su telar, sus chivitos y sus siembras”.

Me atrevo a citar entonces una palabra que reiterativamente escuché por cada rincón, “Unidad”, principio, centro y final de todo lo que ha logrado este resguardo hasta el día de hoy, - un modelo educativo indígena propio, no hay un solo niño desnutrido, la sequía que azota a La Guajira la alivianan con una pluma de agua que llega a cada casa o hasta albercas comunitarias gracias a que lograron acuerdos con el acueducto que se encuentra en el Municipio de Distracción, con el líquido mantienen abundantes siembras en cada patio de sus casas, la emisora Utay Stereo emite señal para todo el Sur de La Guajira, su juventud en medio de diversas manifestaciones de la moda tienen claro lo que son, las mujeres tejen todo el tiempo, niños, jóvenes y mayores pastorean sus ovejos por los verdes oreganales y es enérgica la lucha por seguir recuperando las tierras que les pertenece, absolutamente todo gira entorno a tomar decisiones en unidad, siendo una expresión habitual escucharle decir a todo el mundo – “aquí nos podemos agarrar de los pelos, pero las decisiones deben ser concertadas y definidas en unidad”.


El Pueblo Wayuu y su organización social se basa ancestralmente en familias y castas, esto repercute incluso en sectorizaciones del territorio donde se habita, siendo esta realidad un argumento por el cual se evidencia en los actuales tiempos que “cada quien tire pa´ su lao”,  arrojando entonces de esta manera que el modelo político y económico propuesto por Colombia en la actualidad haya inducido que las familias y rancherías se vean en la obligación de conformar organizaciones, las cuales lastimosamente a diario se debaten entre la disputa de recursos o participaciones que supuestamente deben verse reflejadas en el beneficio de las comunidades, lo cual quizá sin quererlo va generando esa dualidad y entre celo y orgullo del que hablé al inicio, porque como se lo escuché una vez a una buena amiga, . “Lo que mejor sabemos hacer los wayuu, es tirarnos vainas entre nosotros mismos…” reflexión que aterrizándola y sumándola a La Guajira de hoy, gracias a la corrupción, hemos llegado a cifras vergonzosas en cuanto a educación, desnutrición infantil, no existe el mínimo vital de agua en la mayoría de las rancherías y cada vez más vemos como familias enteras migran a cascos urbanos; pero más vergonzoso aún es que es cierto, no paramos de mirar el sucio en el ojo ajeno.

Ante esta realidad me atreví a preguntarle al Cacique Oscar - Cacique, partiendo de la realidad que se percibe de Mayabangloma,  ¿qué consejo le da a las nuevas generaciones que empiezan a perfilar liderazgos en el Pueblo Wayuu? – Suspiró profundamente, se quitó su sombrero, levantó su cabeza girándola hacia donde yo me encontraba y con una sonrisa más, respondió: - ¡Despójense de creer que tienen siempre la razón, escuchen desde el más pequeño hasta el más anciano, y con la voz de todos fortalézcanse en unidad, unidad y unidad!…”.


Cada vez más se suma gente creyendo en este proceso, para este cita nos acompañó un delegado del Ministerio de Cultura por ejemplo, quien apoyó para registrar en 7 escritos, 2 videos, un pregrabado radial y un programa de radio en vivo, gran parte de lo que he dicho en mi escrito pero de manera más detallada, nombrando un personaje mucho más emblemático aún en Mayabangloma, El Cerro Utay, el cual nace, llega a su cúspide, baja y reposa ahí mismo, sin otro cerro hermano ni hermana, porque es un cerro único y considerado como un guía espiritual, con el cual dicen sus hijos de este resguardo, es en quien se apoyan y guían espiritualmente a través de los sueños, y de quien recibieron este mensaje de crecer por siempre en unión.


Cada madrugada de los 4 días que allí estuve me olvidé de la televisión, del pandémico whatsapp, de los azares en los que vivo en Maicao; envuelto en mi chinchorro a un costado de la enramada que me brindaron para dormir, despertaba con un espectacular cielo “rojiamarizul”, con las sonrisas de quienes nos brindaron morada, viendo una pareja de colibríes danzando en un matorral, escuchando a las y los jóvenes escuelantes hablar y hablar de todo lo que estaban aprendiendo de Mayabangloma y su gente, resaltando principalmente esa enseñanza que nos dejan como lo es la de entender que somos wayuu, y que aún en medio de las diferencias, la unión es lo que debe primar, valiéndonos de que debemos fortalecernos como pueblo fundamentado en procesos colectivos que no distingan territorios, organizaciones, castas o familias, sino que por el contrario con cabeza y mente sabia usemos el valor de la palabra, apoyada en las realidades para tejer el ejemplo de Mayabangloma, La Unidad.


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