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martes, 2 de agosto de 2011

Victoria Ballesteros Epinayu: La auténtica Alaulayu de la paz

por Hernán Darío Correa Correa* Thursday, Jul. 28, 2011 at 8:33 PM
Murió en Riohacha Victoria Ballesteros Epinayú, líder wayuu de Bahía Portete, donde la violencia sigue amenazando su obra social.



El alma de Toya...



"Mira manito, aquí estaba la cocina, y allá el corral de los chivos, y más allá, míralo, aún está el palo de amansar las bestias”… Caminaba como hablando sola, esa mañana en que por fin Victoria me permitió pasar el umbral de la intimidad de su familia. Me había llevado hasta lo más profundo de la antigua ranchería de su tío materno, y en algún momento entendí que en realidad hablaba con todo, que las cosas aún estaban allí, en ese sitio que ante mis ojos apenas dejaba pasar el viento silbando por las infinitas dunas endurecidas de su Portete de infancia.

Eran los comienzos de los años 90. Toya acababa de hilvanar la organización wayuu Akotshijirrawá (‘Juntos’), primera asociación de autoridades tradicionales indígenas del país, bajo un decreto que algunos de sus amigos wayuu de Manaure habían promovido para dar salida al reconocimiento de otras formas de representación, diferentes a los cabildos propios de la historia indígena del Cauca. Estaba abriendo trocha: agrupó a los alaulayuu (autoridades propias del matriclan o grupo familiar wayuu, generalmente el tío o el sobrino materno), de los territorios del borde de la Bahía de Portete, e hizo valer uno de los principales aspectos del Decreto 1088 de 1993 que los reconoció como tales: el ser autoridades públicas de carácter especial, dando curso a su posible articulación con las del Estado para efecto de la transferencias e inversiones en sus comarcas wayuu.

Pionera en el panorama nacional, y por supuesto en el regional, Toya muy pronto tuvo que resistirse a los cantos de sirena de quienes creyeron ver una posible federación burocrática e impostada de dichos jefes tradicionales, la ocasión de controlar desde una representación de segundo nivel los cuantiosos recursos que significaban las transferencias de recursos de la nación al resguardo wayuu de la media y alta Guajira.

Empezaba así el largo camino que recorrió sola, distanciándose de quienes convirtieron en feria de simulación, corrupción y despilfarro esa oportunidad histórica de acceder a esos recursos para invertirlos según su propio sistema cultural: con su gente durante más de diez años, se ajustaron al censo familiar que ellos mismos hicieron y acreditaron, y al sistema de autoridad de las familias de la corona de la Bahía de Portete, en función del aprovisionamiento de agua, el mejoramiento de la escuela, el acopio de hilos para las mochilas, los chinchorros y la memoria familiar… Con ello, nos demostró a todos que era posible; que en el país se podía ser intercultural; que los recursos públicos no eran infinitos, sino algo propio desde la corresponsabilidad con el bienestar de la familia y de los vecinos, y no como botín para la ostentación, la retaliación y el arribismo.

Ese trabajo le permitió, poco tiempo después, liderar la resistencia ante las pretensiones de algunos sobre las tierras de los puertos naturales de la bahía. En el sukuaitpa wayuu —modo o ley wayuu de tramitar la vida y sus conflictos— hay un derecho de precedencia y de adscripción ancestral a la tierra, que configura la propiedad familiar sobre ésta, desde la identidad por línea materna, y esa condición no prescribe ni puede cambiar. En el ejercicio de otra institución wayuu, la de permitir a un tercero algún uso de un sector de la tierra, ante apremios del verano, o el desinterés del local por ese tipo de actividad, algunos, alentados por alijunas (‘no wayuu’), quisieron impostarse como propietarios del sitio alegando una prescripción inexistente en la ley wayuu… Las territorialidades ancestrales, la claridad sobre quiénes eran las autoridades tradicionales y el vigor del sukuaitpa wayuu, que ya Victoria y su gente habían puesto sobre la palestra nacional, impidieron ese despojo, y al mismo tiempo permitieron al huésped seguir con su actividad portuaria.

No pasaría sino un lustro, y sobre las cenizas de ese conflicto, en sucesos que han sido narrados por la Comisión de Memoria Histórica, dentro de procesos más amplios de violencia, otros intereses asociados al Gobierno anterior y a ciertas inversiones turísticas, al paramilitarismo y el narcotráfico, se levantó la masacre, que arrasó el sukuaitpa hasta puntos no imaginados por la tradición wayuu. En esos extremos, sectores de las familias tradicionales de Portete, incluyendo el grupo más cercano de Toya, aún no han sido reconocidos como desplazados ni como víctimas, en el espiral de la feria-espectáculo que la anterior Vicepresidencia de la República organizó, y en la continuidad del accionar de bandas criminales amparadas por las maniobras de diversos poderes en La Guajira…

En la entraña

Unos años antes, a mediados de los 80, había conocido a una joven Toya en toda su entraña wayuu: presentando dos dibujos del ayer y hoy de su ranchería, que aún conservo, ante los asistentes al taller de etnohistoria que dictábamos con Socorro Vásquez, invitados por Remedios Fajardo, de Yanama, nos contó cómo se detuvo inexorablemente el burro que la niña Ballesteros montaba en el camino del agua, y por qué su familia la envió a Barranquilla a que acabara de crecer, pues pulowi (potencia sobrenatural que regula acciones en el territorio wayuu, hasta el punto de extraviar al cazador, desaparecer al pescador o a un simple transeúnte por caminos que requieren máxima atención), la estaba acechando; y de qué manera a su regreso veinte años después, habiendo olvidado aquel incidente, otro animal que montaba se rehusó a pasar por aquel sitio, y la obligó a tomar el camino largo hasta su ranchería de siempre… Desde el sueño que le sobrevino al llegar, la familia supo que aún pulowi la esperaba en ese recodo, y le hicieron el baño y pusieron en acción las contras…

Toya era, en efecto, una mujer pula’su (de conocimiento y poder ancestral)… Estaba imbuida de amor por su gente; percibía las entidades sobrenaturales que pueblan su tierra; tenía fuerza y constancia, tras su menuda figura; y hablaba con aquellas: en esa misma visita que me permitió hacer al woumainpa (territorio o “matria” wayuu) de los Epinayú de Portete, también me permitió asomarme a la hondonada donde permanecen las ancestrales vasijas de juyákai (el que llueve), enormes piedras-tinajas del mito petrificado, que como tantos otros sitios de su territorio ancestral, les permite a los wayuu reinventar una y otra vez su mundo…

Ahora, en efecto, jóvenes que la recuerdan como una de las pioneras de aquellas jornadas de recuperación de la propia historia wayuu, que significó una lucha finalmente exitosa en pos de la necesaria diferenciación entre guajiro, como identidad regional, y wayuu, como pueblo indígena, han seguido esa senda y han levantado procesos de búsqueda de articulación entre las dos justicias, la nacional y la wayuu, en los cuales también se busca la unidad wayuu bajo la sombra de ese árbol de autonomía que sembraron entre todos los de aquella década, sin imaginar que éste se demoraría 25 años para empezar a dar algunos frutos: el reconocimiento de los putchipu —‘palabreros’— como Patrimonio Universal de Cultura Inmaterial, por parte de la Unesco, o la relativa aceptación del pueblo wayuu como un sujeto pleno de derechos en la vida regional y nacional.

Desde esas raíces, y a esa sombra, los jóvenes de organizaciones como Akuaipa Waimakat, Fuerza de Mujeres Wayuu, la misma Yanama, o la Fundación Wayuunaiki (‘idioma wayuu’), entre otras, enfrentan ahora amenazas más grandes, pero recorren una trocha ya abierta, en un horizonte de autonomía “que se extiende y los espera”…

Y ahora Toya acaba de partir. Empieza el largo viaje hacia Jepira —el Cabo de la Vela—, en busca del fondo del océano para convertirse finalmente en parte del agua profunda del pozo ancestral, después de una enfermedad que la fue menguando físicamente… Su alma, algo evidente para quienes la conocimos, tampoco se pudo reponer del desastre de la masacre de la Bahía Portete, quebrada por la impunidad, la demora del proceso, la falsedad de los arreglos que hizo el gobierno anterior para simular un apoyo a algunos de los desplazados, y excluir a otros, y desviar la posible atención pública sobre la evidente complicidad oficial con esos hechos.

Pero ese no fue el caso de su espíritu: Victoria Ballesteros Epinayú (1948-2011), como buena wayuu, sin duda impulsada también por los pasos de quienes siguen su trilla, ahora ha levantado su energía vital hasta la vía láctea, camino de Jepira. Y nos deja con las manos llenas de memoria, de gratitud por su cariño incondicional, por su persistencia y su honradez, y con la calidez del hondo chinchorro de amistad que dejó entre nosotros… Un abrazo largo a los suyos, Nicolás, la Morena, la pequeña Mariángel, los Mellos, Asunción, Roland y cada Epinayú de Portete; y a los jóvenes wayuu, los alaulayuu y los putchipu, a quienes sin duda Victoria les seguirá dando fuerza desde sus sueños por un mundo erguido, levantado hacia el anás, el bienestar wayuu, aquel estado de cosas donde cada cosa se vuelve a poner en su lugar, y permanece como aquel palo de amansar las bestias…

* Investigador de las culturas indígenas, miembro del Observatorio de Paz (http://www.observapaz.org).

La auténtica Alaulayu de la paz

Victoria Ballesteros Epinayú murió la madrugada del lunes, aún desterrada de su tierra natal, de la que tuvo que salir tras la masacre de Bahía Portete, cometida por el exjefe paramilitar ‘Jorge 40’, ‘Pablo’ y ‘Chema Balas’. Como una gran autoridad tradicional, o alaulayu en lengua wayuunaiki, Toya fue una mujer sabia que luchó incansablemente por la paz, la cultura y la protección de su familia y vecinos en Portete (Guajira) y estuvo siempre en contra de la guerra, la codicia y la violencia. La tristeza se la llevó para recorrer el Camino de los Indios Muertos, o Jepirra. Desde allá sé que espera ver algún día la restitución de su dignidad, de sus derechos y de los territorios que ancestralmente le pertenecen a su familia.

Gladys Jimeno Santoyo, amiga cercana de ‘Toya’.

23 de julio de 2011
Especial para El Espectador

1 comentarios:

mopive dijo...

El Movimiento de los pueblos indigenas de Venezuela (Mopive) y su organizacion politica (MOPIVENE), hacen llegar a la gran familia wayuu, nuestras sentidas palabras de condolencia, por la desaparición fisica de nuestra insigne madre wayuu VICTORIA BALLESTEROS EPINAYU.
TODA UNA HEROINA DE BAHIA PORTETE.

PAZ A SU ALMA.

CNEL(GNB) JOSE ANTONIO URIANA POCATERRA
PRESIDENTE DEL MOPIVE

 
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