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sábado, 30 de junio de 2018

Maicao decidió sembrar un monumento


abuelo de las barbas de maiz
Monumento IDENTIDAD de Maicao - Abuelo de las barbas de Maíz

Por, Miguel Iván Ramírez Boscán

Aun en medio de la aridez que caracteriza el territorio guajiro, si hay una verdadera vocación que podemos reconocer de los wayuu, es la de sembrar la tierra. De hecho es algo que caracteriza todo tipo de poblaciones en todo el mundo: los orientales siembran arroz, los europeos trigo y en las américas los pueblos indígenas sembramos maíz desde la más alta montaña, hasta el más caluroso desierto. Pero Maicao decidió sembrar un monumento.

De niño solía ir a la finca con mi abuelo y abuela casi todos los días. En los corrales se criaban vacas, cerdos y chivos. Mi abuela se dedicaba a las gallinas, pavos y animales de compañía. Había algo que no era cotidiano aunque se pensara en ello a diario; esperar la temporada de siembra cada año en la que se sembraba yuca, patilla, ahuyama y por supuesto maíz. Esta forma de desarrollar la vida aun la conservan varios de mis tíos y primos, eso sí, ya no es para nada igual porque les toca estar lidiando con las inestabilidades climáticas que han caracterizado estos tiempos.

Remembrando a los viejos José Domingo Boscán y Dolores Bonivento – una de las familias wayuu pobladoras de Maikou, antes de lo que llaman fundación de Maicao, de la voz de mí madre varias veces hemos revivido las prácticas de mis bisabuelos, quienes vivían en lo que aún era una ranchería y hoy se conoce como Barrio Boscán. Entre sus fragmentados relatos a través de los años, se resumen contándome que en aquellas épocas esta familia agradecía la prosperidad alrededor de los años 1920 a 2 cosas: La primera a la siembra de ajonjolí, algodón y por supuesto el maíz. La segunda al auge comercial fronterizo que se daba alrededor del famoso cacaito de la plaza central.

El departamento de La Guajira y en especial el Municipio de Maicao, afronta para estas épocas un flagelo en el que convergen diversas problemáticas: cambio climático, corrupción, bloqueos comerciales, cierre fronterizo; todo esto ha dado como resultado sequías, muerte de animales, perdida de cultivos, hambrunas, desempleo y una crisis migratoria que desmedidamente acrecienta nuestra diversa identidad poblacional, la cual se sumerge en elevados índices de inseguridad.

Este relato me nace debido a que la actual administración municipal decidió sembrar lo que han llamado: Monumento IDENTIDAD, el cual aunque quedó atravesado, debo reconocer que me gustó; sin embargo este esfuerzo de generar sentido de pertenencia, en el que se honra “Al Abuelo de las barbas de Maiz”, debe ir más allá que un recurso sembrado para embellecer una ciudad, o sembrado para generar arraigo identitario; un monumento de este tipo debe ser para acompañar la vocación que desarrolla cultural, social y economicamente nuestro poblamiento maicaero. Como ejemplo esta Medellín que honra las flores, Cali la caña de azúcar, Valledupar el arte de la música vallenata.

Las tierras de Maicao están abrazadas por la serranía de Perijá y colindan fronterizamente con el desierto que inicia en Uribia. La gran mayoría de estas tierras están en manos de familias wayuu que desde hace un par de décadas vienen padeciendo el hambre y la sed. Su vocación de arar la tierra se ha ido desvirtuando debido a choques culturales y por supuesto mencionar de nuevo el cambio climático; aquí mi escrito se transforma entonces en una apreciación que busca hacer propuestas para que como maicaeros amemos más ese monumento.

Pienso entonces, qué pertinente sería que en compañía del monumento se despliegue un plan masivo de siembra de semillas de maíz por todos los alrededores maicaeros; que desde la administración municipal surjan soluciones definitivas para garantizar el agua a las comunidades y por ende el fortalecimiento de los cultivos; que se tecnifique y forme agroindustrialmente al wayuu y al campesino maicaero, para que con esto revivamos ese Maikou que dio origen y prosperidad a Maicao.

Como wayuu no se quiere ser parte de la historia porque en nuestro himno repose la razón de donde se deriva el nombre del municipio, no se quiere ver como como la pieza autóctona y artesanal que come chivo y teje chinchorros; el wayuu no se quiere ver representado en monumentos por todas partes; así como tampoco se le quiere ver como el pobre indio al que se le debe ayudar. Contario a esto al wayuu se le debe reconocer como dueño ancestral de este territorio y por ende como seres humanos capaces de realizar las transformaciones sociales que a gritos pide nuestra colapsada sociedad.

Hoy veo centenares de Maicaeros que aunque criticaron la obra, van y se toman fotos con él. Ya hay algo más a que tomarle foto en Maicao a parte de la plaza, Juan Hotel o la Mezquita. Repito, quedó bonito pa’ que… mi invitación la cierro entonces con esta reflexión que he decidido compartir como un maicaero más que para que cuando cumpla los 100 años de vida administrativa, pueda decir: superamos la crisis gracias a la siembra de maíz.

Bienvenido Monumento IDENTIDAD – Abuelo de las barbas de Maíz… Sembremos maíz.

PD: Cuidemos las semillas endémicas… ¡ojo! Con los transgénicos y fumigaciones… después la chicha y la arepa no sabrá igual.

 
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