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jueves, 4 de enero de 2018

Niñez wayuu en trochas guajiras no son mendicidad


Por, Miguel Iván Ramírez Boscán
Miembro de La Red de Comunicaciones del Pueblo Wayuu

Murió hace poco una niña arrollada por un carro en la vía que conduce al Cabo de La Vela y la conmoción no dio espera en diversas opiniones. La primera impresión, sin duda alguna es decir que es inaceptable que haya tanta mendicidad en estos corredores turísticos, que para esta época conducen al Cabo de La Vela, Punta Gallinas y Serranía de La Makuira. Sin embargo - la opinión que aquí comparto - es que esta práctica no debemos tenerla presente como mendicidad, sino como una exigencia.

Por las turísticas trochas guajiras es común ver pasar imponentes carros de todo tipo; toyotas fortuner, prados, explorer, cherokee y rubicon. Transportan importantes empresarios, artistas reconocidos, exitosos profesionales y por supuesto también políticos; todas y todos atraviesan ante los ojos inocentes de esta niñez, diferentes rutas para deleitarse con pargos y langostas, disfrutar del sol playa y arena, cubriendo sus ojos con finísimas gafas oscuras, siendo esta una opulencia que refleja una sociedad que por décadas ha sido indiferente ante las problemáticas que hoy hacen ver como mendicidad lo que insisto, es una exigencia.

La acción de madrugar, desayunar tan solo un café clarito, ponerse ropa sucia y rota, sin guaireñas en sus pies pisando la hirviente arena y cruzar una cuerda en la vía al frente de sus rancherías, no son acciones de mendicidad, por el contrario, son el reflejo de este pueblo indígena que exige se le sea tenido en cuenta de manera idónea para acabar con un histórico desconocimiento y abandono que les tiene arrinconados en esta situación: extendiendo manos suspendidas al aire que no piden dulcecitos ni bolsitas de agua, exigen una reestructuración de voluntades y decisiones políticas para un  tratamiento urgente y digno a sus criticas vidas.

La tan cacareada intervención que hay sobre el departamento, la única huella que ha dejado es ser totalmente inoperante y fracasada. Sumándole a la presente crisis la cambiadera de gobernadores y funcionarios que continua sustentando que la intención sobre La Guajira es seguir generando inestabilidades, siendo la niñez que cruza las carreteras guajiras un instintivo resultado que evidencia la farsa montada que supuestamente venía a traer soluciones.

A esto hay que sumarle la estampida de multinacionales, las cuales a pecho abierto con alaridos dicen estar cubriendo sus responsabilidades con las comunidades; sin embargo el hecho de que niñas y niños salgan a las vías con dientes llenos de caries y pelos desteñidos por la malnutrición, dejan en evidencia que no son mendigos, esta niñez en realidad es quien hoy busca estremecer la conciencia de las empresas que usurpan el aire, agua, carbón y gas de sus tierras, colapsando a punta de embustería el medio ambiente y los sistemas de organizarse socialmente, el cual mantienen dividido comprando líderes de manera selectiva.

Pa' colmo de males, toca pensar que ya se viene la campaña para cámara y senado, es decir la siempre mencionada esperanza del cambio, de la nueva guajira, de la oportunidad para todos, del departamento que merecemos. ¡Los mismos pelagatos pero con iphone y toyota nueva! - Caravanas de rapaces gavilanes cazando a mentiras las autoridades tradicionales de todas estas vías de la alta guajira para manipular sus votos. De seguro en sus discursos incluirán decir que tienen la estrategia para erradicar con la “mendicidad” en las vías.

Cuantas personas de la sociedad guajira se han preguntado: ¿Qué estoy haciendo para aportar y superar la crisis del departamento? - ¿Ha valido la pena votar por tanto corrupto? - Es fácil no hacer mayor cosa y criticar lo feo que se ve nuestra niñez wayuu pidiendo en las trochas, mientras no se han brindado espacios para deliberar una consultada y participativa solución que involucre la voz de las comunidades mismas y que las supuestas soluciones no sigan surgiendo desde mezquinas cabezas politiqueras que sacan programas engavetados de sus oficinas corruptas.

Cuando vea un niño en una trocha con una mano extendida como pidiendo algo, no piense en darle galletitas o moneditas. Pregúntese si ese niño ya comió, si está asistiendo al colegio, si hay agua en su comunidad, si sus padres tienen la forma de trabajar. Pregúntese: ¿Qué puede hacer usted para erradicar esta problemática desde la raíz y cambiar el aparato estatal que mendiga su voto? - ¡Esos si son los verdaderos mendigos! – y dándose cuenta de esto, quizá si entienda que esa niñez no anda mendigando, sino todo lo contrario.

En las trochas guajiras he visto decenas de familias que ponen sus cuerdas no para fastidiar al que este de paso, las ponen también para vender iguarayas, caracoles, artesanías, langostas, camarones cerveza y hasta gasolina, siendo esto una prueba de que se sale a las vías con dignidad y no con la mendicidad que dicen. Se sale a exigir que el trato hacia el wayuu debe cambiar.


Niñas y niños en las vías lo que están es exigiéndole a esta actual sociedad guajira y colombiana que no hay un método adecuado para hacer llegar el mínimo vital de agua potable a sus casas. El sistema educativo es ineficiente y requiere de una reestructuración con base a los valores culturales propios. La asistencia en temas de salud es pésima y no va acorde a prácticas ancestrales. No se trata de nutrir estómagos sino  de alimentar ideas para que surjan oportunidades para la siembra, la pesca, la artesanía, el pastoreo, el comercio y el trabajo. No es con asistencialismo, es fortaleciendo la autonomía, porque lo que sucede en toda La Guajira se soluciona es con que dejen de mentir… y esto es lo que exige la niñez wayuu en las trochas de La Guajira.

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