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lunes, 25 de enero de 2016

Maicao, bonanza marimbera y futbol

Reflexión de diferentes contextos cronológicos que reflejan lo que somos y podemos ser como Maicaeros.


Por, Miguel Iván Ramírez Boscán

Con ansia se esperaba cada sábado y domingo de la semana, levantarse temprano no era fatídico como lo era para levantarse para ir al colegio, los empolvados guayigol eran perfectos, ponerse una media de una y otra de otra era común y por lo general una de ellas siempre “apretaba pa´afuera”; el pecoso golty rojiblanco se asoleaba todo el viernes para que llegara templado y ligero a las practicas, bastaba una moneda de 50 pesos para la bolsita de agua con un potente boli de cola con leche y hasta nos sobraban 10 pesos, en el enmontado Colegio Rodolfo Morales reposaba el campo en el que jugábamos, esperando que llegara el “Profe Cuesta y “Rifle” su auxiliar; jugábamos al gol peliao o a los penaltis por grupos en los que no faltaba la montañita  de arena para perfilar mejor la pateada, todos temían al cañonazo de “Cachy” quien se perfilaba como el reemplazo de Valenciano; en épocas de lluvia la arenosa cancha se convertía en jagüey y se cancelaban prácticas y torneos, en las tardes sin planificarlo coincidíamos varios en la cancha para tirarle arena y piedras para que se secara rápido, para cuando secaba la emoción era gigantesca, volvíamos a la práctica, el profe llegaba y nos ponía a darle vueltas a la cancha para calentar, siempre alguien se caía porque le “metían la traba” o se tropezaba con un peñón; hacíamos estiramientos, ejercicios de parar el balón, tiros libres, cabezazos y pinolitas hasta que por fin dividían los equipos, Pollitos A y Pollitos B para echar un glorioso picadito de 15 minutos; Waow, que tiempo tan bello el vivido en La Fundación Bolivariana de Deportes de Colombia.

Se reconocían otros equipos como Alexmar, La Escuela Mundial, La Naranja Mecánica, entre otros; con aprecio especial recuerdo un equipo que se llamaba “Los Papitones”, equipo al que le ganamos la final en aquel año ´92 y del cual resguardo en mi retentiva resaltar un niño flaquito, de estatura menor al promedio de los 10 años que teníamos y del cual se evidenciaba una habilidad prodigiosa que todo el mundo admiraba, recuerdo su nombre como Carlos Mario, quien deportivamente en lo personal lograba intimidar porque me tocaba asumir gran responsabilidad en el juego; el solía anotar mínimo 2 goles por partido, especialista en tiros libres, cabecitas, bicicletas, gambetas, chalacas, taquitos, túneles y disparos fuera del área, no se sabía cuál era la diestra o cual era “la mocha”, piernas de las cuales salía su magia en general, mientras que yo era el último hombre de la valiente defensa de los Pollitos A… si hago un paralelo a lo que vemos en el futbol de hoy, enfrentar a Carlos Mario era como enfrentar a Messi.

Como Carlos Mario podría resaltar muchísimos niños y jóvenes más de Maicao, he tenido la oportunidad de jugar futbol en Bogotá, Duitama, Tunja, Santa Marta, Barranquilla, Valledupar, Armenia y Pereira, en ninguna de estas ciudades he sentido jugar con gente que resguarde técnica, calidad y sobre todo corazón, pero lastimosamente todos los sueños que cobijan esta vocación, así como muchas otras más, se ven estancadas en medio de los colmos que nos acostumbramos a ver comunes.

Argumentar porqué sucede esto es complejo y ante todo se debe trazar una línea cronológica que recoja hechos y patrones sociales que hemos vivido como Maicaeros, Guajiros y Colombianos de los cuales me atrevo a sustentar en medio de mi perspectiva, la cual comparto ante todo reflexiva y respetuosamente.

Maicao por su condición fronteriza y cercanía de puertos marítimos posee históricamente una vocación comercial, esta garantizó un dinamismo económico prospero durante mucho tiempo, pasando por la comercialización que se producían aquí mismo entre los que se destacan principalmente el maíz, algodón, ajonjolí y café de la sierra, esto sucedía para los años 40 hasta los 60, las familias fundadoras de este Maicao contemporáneo eran en su mayoría Wayuu y de un estatus económico bien posicionado, razón por la cual en este pueblo se convivía a la vanguardia con lo que se veía en el resto del mundo cultural, social y tecnológicamente. A mediados de los 60 y 70 se potencio en La Guajira la tan resonante “bonanza marimbera”, época de la cual sin lugar a dudas aún se perciben huellas que incluso resquebrajaron nuestra identidad, aquel guajiro noble y trabajador se empezó a cambiar por el arrogante cacha afuera patinador de samuráis, experto conocedor de las trochas para transportar droga, extravagancias en joyas, carros, fiestas, viajes y exuberantes casas era la carrera de todo guajiro metido en el negocio, esto paralelo a que lo que nació como vocación de comerciantes, se transformó en lo que hoy llaman lavado de dinero en el marco de un contrabando del cual entran en juego todo esto, la mercancía, la droga, los dólares y con todo esto la ambición. Aunque varias cosas eran ilícitas, en cierta medida vivíamos en un Maicao prospero, cualquier vendedor de bolsita de agua en el centro llevaba dinero suficiente para alimentar y sustentar su hogar; hogar que todos los Maicaeros llenaban con buenos equipos de sonido, televisores, betamax, nintendo, lavadoras, neveras y cuanto electrodoméstico moderno se nos acurra llegaba primero a Maicao antes que a cualquier otro lugar de Colombia, pero junto a esto vivíamos ya para los 80 y 90 en una Colombia sumergida en violencia de diferentes contextos entre narcotráfico, guerrillas, militares, paramilitares, políticos y demás mafias, todas ellas dejaron su estampa en lo que hoy somos.

Hoy vivimos en lo que yo me atrevo a definir como un Maicao confundido, pero que trabaja para estabilizarse; siguiendo la secuencia generacional a la que hago referencia, pauto énfasis desde mi realidad que soy nacido en el 82, pero también hablaré de la siguiente, la nacida en los 90 la cual aún se está formando culminando por la que vivimos hoy en día, proyectando por último la que vivimos en la actualidad.

Jugar futbol de manera espectacular como muchos Maicaeros con los que jugué pudo convertirse en la continuidad de unos jóvenes diferentes y exitosos en el deporte de no haber tenido como modelo inmediato a seguir ese Maicao; entre mis amigos aun veo quienes antes que querer perfilarse profesional o laboralmente de manera honesta, sus sueños y anécdotas eran preferiblemente tentadas por tener las pistolas y las samuráis para patinárselas en la cara a las novias mientras hacían tiros al aire, se visionaban como capos contratando a Los Zuleta y Villazón en una casa finca con la piscina llena de mujeres, se imaginaban en camaraderías esperando que las avionetas o lanchas rápidas dieran luz verde para decir: ¡CORONÉ! – Esto lo resumo en decir que muchos Maicaeros nacidos en esta época crecieron como un “narquito frustrado” por los prototipos de guajiro que se estandarizaron en la época, todo esto paralelo a que también teníamos el privilegio de que en los televisores que compramos en el centro veíamos como crecía la selección Colombia en cabeza de Higuita, El Pibe Valderrama e incluso El Guajiro Arnoldo Iguarán, llegamos nuevamente a mundiales, vimos al Tino Asprilla y El Tren Valencia, internacionalmente como no recordar a Maradona, Roberto Baggio, Lothar Matheus; más adelante en televisores de mayor tecnología encontrarse con Bebeto, Cafú, Romario; seguidos generacionalmente por Ronaldo, Roberto Carlos y Ronaldinho; tanta magia ejemplarizante vivida pero no, aquí jugábamos similar a ellos pero “era mejor el tiro al aire bebiendo old parr” desde los 15 años que darle continuidad al deporte, de aquí veo se derivó tanto Maicaero atracador en busca del dinero fácil.

El tiempo pasando y si, su destino se lo labra cada quien, de hecho esto no es un planteamiento estandarizante que generaliza para todo el Maicaero, hubo esfuerzos de madres que guiaron a sus hijos a vidas diferentes, voluntad de jóvenes que también tomaron decisiones a parte de lo que aquí argumento, siendo este escrito incluso una evidencia de ello; muchas y muchos Maicaeros nos preocupamos por todo el camino recorrido y hoy hacemos propuestas teniendo en cuenta nuestra visión, pero sobre todo fundamentada en nuestra realidad de vida.

Hoy Maicao está en un proceso de transición, por eso mi lisura de llamarle confundido; veo en él ese tira y jale entre el desprenderse de las viejas prácticas y el que quiere replantearse para el futuro. Si bien hay por momentos escándalos, porque de lo que se habla hoy en día es de corrupción (con esto metiéndome en un contexto más), debe haber decisiones inteligentes desde quienes lideran diversos procesos valiéndose de las envestiduras democráticas que les ha posicionado donde están y si este escrito llegase a ustedes, les cuento que aún me encanta jugar el futbol y a mis 33 años hoy en las modernas canchas sintéticas, el talento Maicaero lo sigo percibiendo y sin apasionamientos puedo decir que posee un alto nivel del que puedo recalcar que veo varios “Carlos Marios”. El camino va bien, no lo desconoceré jamás, los escenarios deportivos se están construyendo y están al alcance de la gente, mi sugerencia es que esto no quede en discursos políticos y lo complementen con el estímulo integral al deportista, campeonatos de buen nivel, con reconocimientos gratificantes, partiendo de los colegios, universidades e institutos locales y regionales, que cuenten con la dotación necesaria, la logística garantizada, la difusión amplia, la asistencia medica requerida y con esto contribuir al nuevo Maicaero, el de la generación del 2000 y 2010 que aun inocente de todo esto seguramente hoy se refugia en soñar en poder ser como Teo, Bacca o James.


Con la partida terrenal del querido y admirado “Profe Cuesta”, nace mi inquietud de compartir estas palabras con mi pueblo y con todo aquel que vea a bien compartir; con lo que aquí nombre entendí el porqué de los “NOJODA” del profe eran tan fuertes, porque la época en la que él quiso formar con el brío de su juventud buenos deportistas no fue más que eso, “Nojoda, tremenda época fuerte”. Hoy el “Profe Cuesta” esta espiritualmente en cada impulso deportivo de Maicao, tomar como ejemplo lo que al pisar el campo nos proponía, tomarnos de la mano en gesto de unión y como equipo todos los Maicaeros, ingresar a la cancha por el medio campo, ordenadamente llegar al centro, mirarnos todos a los ojos para que sincronizadamente levantemos los brazos y a la voz del conteo hasta 3, en vez del: - ¡Bolivariano, Bolivariano…! – Gritemos todos: ¡Maicaero, Maicaero… Quiero, Puedo y lo Lograré!

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