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sábado, 28 de marzo de 2015

Los niños de La Guajira que 'lloran y no botan lágrimas'

La chicha puede ser su único alimento y la lluvia, su agua. Se desconoce cuántos niños wayúu mueren.

 
Unicef Colombia y el líder wayúu Armando Valbuena coinciden en que el país no sabe realmente cuántos niños indígenas de La Guajira fallecen.
Foto: Archivo Particular
Unicef Colombia y el líder wayúu Armando Valbuena coinciden en que el país no sabe realmente cuántos niños indígenas de La Guajira fallecen.
“Pálidos. Su cabello es amarillo o rojizo, es escaso porque se les cae. La piel es reseca. Algunos presentan llagas en su cuello y peladuras en sus partes dentales. La mirada la tienen bastante opaca; el abdomen, bastante dilatado. Las piernas son flaquiticas. Se les ven las costillas. Como los niños de Angola, en África, así... Lloran y no botan lágrimas. Algunos tienen dos años y no caminan”. Una mujer que conoce hace más de 40 años a los wayúu y quien pide no ser identificada, narra cómo el hambre mata a los niños indígenas de La Guajira.
─ ¡Este niño se está muriendo! ¿Por qué no lo han llevado al hospital? Ven, vamos. ¡Vamos a llevarlo!” ─dijo ella al ver a un pequeño acostado en una hamaca, orinado─. “Uno lo llama para ver si abre los ojitos… Y no” ─recuerda.

─ No, no, déjelo ahí. Déjelo que se muera ─le responde el padre del niño.
─ Oye, pero ¿cómo vas a hacer tú eso?
─ No, no, déjelo ahí. No se lo vaya a llevar, porque si el niño se muere en manos suyas, usted lo paga ─le advirtió el hombre.
La impotencia se apodera del cuadro. Ella revela que, en algunos casos, la autoridad indígena impide que el niño que “corre peligro de morir” sea salvado en un centro de salud. “Para los wayúu, un niño enfermo implica mucho gasto y es mejor que dios se lo lleve”.
No comprende cómo este pueblo indígena invierte, según ella, tanto dinero en un velorio. “No tienen plata para llevar el niño al hospital, comprarle medicina o hacerle su comida, pero cuando el niño muere, sacan ganado, sacan pal (sic) mes de velorio. Ahí sí hay plata, hay comida, hay festín, hay todo. Llegan todas las familias, se concentran en las rancherías, toman chirrinchi, matan chivo. Hay comida por todos lados, eso es normal aquí. Para ellos es cultura”.
Armando Valbuena, líder wayúu y expresidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), asegura que ningún wayúu impide que se auxilie a sus niños. “Es completamente falso. La sociedad guajira discrimina a la sociedad wayúu”, dice.
No obstante, Luz Ángela Artunduaga, especialista de Supervivencia y Desarrollo Infantil de Unicef para Colombia, confirma que algunas poblaciones indígenas “rechazan la parte occidental”. “Hay elementos culturales muy complejos. Las poblaciones indígenas no ayudan y, aunque los esfuerzos se ven, al Gobierno le falta acercarse más con modelos de atención pertinentes”.
Según el representante wayúu, es usual que un hospital salve la vida de un niño indígena que morirá en pocos días. “Si el niño está muriendo, sufriendo, sus padres lo llevan al hospital, pero cuando se recupera regresa a su casa, allá no hay alimento y ahí el niño muere (…) Hay muchos casos de desnutrición en La Guajira. Eso es cotidiano. Hay un total desabastecimiento de alimentos, principalmente en las áreas cercanas a las urbes. En los últimos 25 años eso ha sido normal”.
Reconoce que en el velorio sacrifican animales que son propiedad de los padres del niño fallecido. A la pregunta sobre por qué dichos animales no fueron alimento para el hijo, responde que “no se pueden sacrificar todos los animales porque se quedaría sin alimentos toda la familia”.
Crédito: Archivo particular.
En sus manos murieron cinco niños
Cinco menores de edad han fallecido ante los ojos de la mujer que habla con EL TIEMPO. A todos los sacó de rancherías. Uno de ellos pertenecía a una familia de Manaure que, cuenta, podía consumir durante una semana solo chicha de maíz. (Vea, en cifras, cómo ha aumentado la muerte de niños a medida que baja la lluvia en La Guajira)
“La mamá tenía a varios niños desnutridos, pero el que estaba más más malito fue el que pudimos llevarnos. Se le colocó su suero, se hidrató, el niño también tenía diarrea, se le compraron las medicinas, las cremas. Se le prestaron todas las ayudas, se le hizo el control, se le compró ropa, pañales, pero por mucho que se quiso, el niño no… El niño falleció, duró en el hospital cinco días”, relata.
No olvida la respuesta de la madre cuando le dijo que su hijo de un año y medio estaba mal y no aguantaría el tratamiento: “¡Ah!, bueno, entonces yo me voy para la casa, porque allá tengo los otros dos, por estar pendiente de este se me van a morir los otros”.
Le pidieron a la madre que se quedara porque, aunque no es el deber ser, ella aún alimentaba con leche materna a su bebé.
“¿Y el resto de la comida?”, se preguntaba la guajira, quien cuestiona la costumbre que tienen las madres wayúu de alimentar a sus hijos únicamente con leche materna hasta los dos o tres años de edad. “Un niño después de los seis meses necesita comida sólida: su puré, su fruta, un alimento balanceado. No solamente el seno. Ellos creen que con leche materna, mazamorra y chicha el niño se va a sostener. Además, ¡qué va a nutrir la leche de una mujer que ha parido hasta ocho hijos y no se alimenta bien!”.
“La leche materna se da hasta los dos años porque al niño se le educa para que no tome agua. Los niños wayúu son del desierto. También alimentan a los niños con granos como el maíz y el frijol, el pescado, las carnes de chivo y ovejo, y con chicha de maíz”, explica Valbuena.
La guajira también se resiste a aceptar que la esposa wayúu le sirva primero y “la mejor presa” al marido. “Al último que se le sirve es al niño. Si acaso alcanza la presa, si no se le da salsa con arroz, lo que queda en el caldero, después de que ya todo el mundo ha comido”. “Lo primero que hacen es una distribución racional de los alimentos. Atienden a las personas adultas y después a los niños”, responde, por su parte, el líder wayúu.
La mujer subraya que en La Guajira “la bienestarina es oro”. “Con la bienestarina ellos hacen arepitas, empanaditas, mazamorra, colada, hacen de todo. Ahí comen todos, no solamente los niños, comen todos”.
Crédito: Archivo particular.
“El agua es esencial… No para el ser humano, para los animales”
Los niños que habitan en las zonas rurales de La Guajira toman agua de los ‘jawei’ ─excavaciones que albergan el agua de las lluvias─. “Los wayúu quitan una nata verde que el agua tiene de tanto estar depositada ahí. Allí toman agua los animales y toman las personas (…) Aquí ninguna agua es buena, ni la del mismo acueducto del pueblo. Dicen que es tratada, pero hay momentos en los que hasta uno toma el agua y le da diarrea, le da dolor de estómago”, narra la mujer. Lamenta que en los sitios apartados no haya recolección de basuras, alcantarillado y acueducto. “Las necesidades fisiológicas las hacen a campo abierto. No hay inodoros”.
Precisamente, las dos primeras causas de mortalidad en menores de cinco años en Colombia son la Enfermedad Diarreica Aguda (EDA) y la Infección Respiratoria Aguda (IRA). “Están asociadas fundamentalmente a la pobreza; es decir, cuando los niños no están en condiciones medioambientales o en condiciones óptimas de acceso a los servicios de salud, su casa no goza de los mejores estándares de limpieza y no tienen una buena alimentación, las posibilidades de adquirir una enfermedad aumentan. Son causas comunes en países en vía de desarrollo. Lo más triste es que son evitables”, señala Artunduaga. (Lea: Tragedia humanitaria en Chocó: 19 niños muertos por problemas de agua)
“Con un balde de agua bañan hasta tres y cuatro niños. La mamá se humedece las manos y las pasa por el cuerpecito del niño, entonces no le hacen un buen baño, no le quitan el sucio de la cabeza y se le forman costras, granos”, revela la mujer. Con ella coincide el líder wayúu: “Usan entre medio litro y un litro de agua para el baño de un niño (…) Somos pueblos del desierto: el agua es esencial… No para el ser humano, para los animales que se venden en el mercado. Con ese dinero se compran los alimentos necesarios para la familia”.
Aunque Artunduaga destaca que “está más que comprobado que el lavado de las manos en los momentos críticos del día -después de cambiar el pañal, antes de comer y después de ir al baño- disminuye la diarrea en un 50 % y la infección respiratoria en un 25 %”, en La Guajira este hábito está lejos de su cotidianidad. “Los wayúu dicen: ‘Si no hay agua ni pa’ tomar, ahora voy a estar gastando agua pa’ lavar las manos’”, recuerda la guajira.
Crédito: Archivo EL TIEMPO.

El niño indígena tiene más probabilidades de morir
Según los datos más recientes del Ministerio de Salud, en el 2012 murieron 23 niños menores de 5 años por cada 100.000 en La Guajira.
“Saber que en el 2013 seis millones de niños murieron en el mundo antes de su quinto cumpleaños es algo que todavía nos asusta. Honestamente, pienso que a ningún ser humano le debe pasar algo tan terrible como morir por razones totalmente prevenibles o aún peor, morir solo, en la calle o porque no tiene dinero para pagar medicamentos”, comenta Luisa Brumana, asesora regional de Salud de la Oficina de UNICEF para América Latina y el Caribe.
Artunduaga afirma que los niños colombianos con más probabilidad de morir pertenecen a las poblaciones indígenas y afrodescendientes, que son “rurales y dispersas”. “No existen servicios de salud apropiados a la cosmogonía o a la cultura. Las poblaciones tienen que desplazarse muchísimo, como los indígenas awá, que viajan hasta ocho horas en chalupa para poder llegar a un centro de atención. Es posible que cuando lleguen, ese niño ya esté en un estado crítico”.
En La Guajira, la distancia también dificulta el servicio de la salud. La mujer reconoce que han sido “bastantes” las brigadas de salud requeridas, pero que jamás llegan. La lejanía también aumenta el número de casos de desnutrición en Uribia, Manaure, Riohacha y Maicao. Transportar alimentos a corregimientos alejados puede costar hasta cuatro millones de pesos -según la mujer-, un precio que se queda corto en invierno. “Ni pagando cinco millones la gente va porque la trocha destroza el carro o los atracan en el camino. Si una persona con hambre ve que pasa un carro con comida, lo atraca”.
El difícil momento que vive Venezuela también lo padecen los niños wayúu, anota la mujer. “Si a uno le dejan pasar algo es un plátano o una yuca. Los guardias venezolanos dañan los alimentos, las carnes”. Por su lado, Valbuena también reconoce que la crisis del vecino país afecta a su pueblo. “El sistema alimentario del norte de La Guajira depende de Venezuela. Cuando cierran la frontera significa que no hay alimentos en toda la Península”. Sin dudarlo, afirma que el Estado colombiano los olvidó.
Las muertes que difícilmente se conocerán
En el 2012, fallecieron 43 niños indígenas por cada 100.000 niños menores de 5 años en el país. Esta cifra podría ser mucho mayor, así lo constatan la guajira, Unicef Colombia y el líder wayúu.
“Aquí hay muchos niños que mueren, pero en el monte. Los entierran y no los reportan al hospital”, dice la mujer.
El problema del subregistro también lo señala la experta de Unicef Colombia. “El porcentaje de la población indígena está en 5,4 %, no representa mucho, pero es el que suma la mayoría de las muertes de los niños en este país. Y eso que hay muchas muertes infantiles que no se registran. Estoy casi segura de que en La Guajira hay muchas más muertes de las que están registradas en las estadísticas y eso lo digo por la experiencia que hemos tenido con un proyecto, en el que, para el indígena wayúu, el niño no tiene valor hasta cuando cumple cierta edad, porque ese niño tiene la posibilidad de morirse, entonces en sus valores sociales hay que esperar a que crezca y una vez crezca empieza a hacer parte de la familia”.
“Si el niño muere en un centro de atención de salud, simplemente lo retiran y se lo llevan para su casa, para su respectivo velorio, pero al wayúu no le interesa reportar eso al sistema de salud porque es inoficioso. La burocracia toma nota y aumenta los números. El año pasado, la estadística de desnutrición sirvió para que los gobernantes sustentaran la necesidad de nuevos pozos de agua. Se invirtió en el acueducto de las áreas urbanas, mas no en el del pueblo wayúu. Ven las cifras como una oportunidad para resolver la situación de agua de la cultura dominante, no de la cultura dominada”, argumenta Valbuena.
Crédito. Archivo EL TIEMPO.
“Promedios nacionales esconden grandes inequidades”
Brumana celebra que en las últimas dos décadas, Colombia haya reducido el número de muertes de niños en un 50 %, pero insiste en que el reto ahora está en disminuir el número de fallecimientos neonatales –los que ocurren en el primer mes de vida-. Su opinión la comparte Artunduaga, quien advierte que “desafortunadamente, los promedios nacionales esconden las grandes inequidades que tiene el país”. En ese sentido, afirma que el gran reto es “llegar a las poblaciones indígenas, afrodescendientes y rurales”.
“En muchas ocasiones, no está el acceso o los prestadores del servicio de salud no dan las orientaciones adecuadas para que los niños no se enfermen. No hay una capacidad suficiente de las instituciones de Gobierno, e inclusive de las privadas, para poder hacerle una oferta adecuada a la población y que llegue a todo el mundo”, explica la representante de Unicef en el país.
“Tanta plata que tiene este país y tanta plata que no llega a la infancia. Hay una situación bastante compleja en términos de los gobernantes, el manejo de los recursos y la asertividad de las políticas públicas. Yo no sé cuántos millones de pesos ha gastado La Guajira para poder atender el tema de agua cuando es una necesidad básica”, añade.
Brumana, quien ha trabajado en Angola –un país de África subsahariana que en el 2013 registró 153.000 muertes de niños menores de 5 años-, sueña con que en los próximos cuatro años “las gestiones de salud y nutrición en América Latina y el Caribe sean puestas en las agendas de los gobiernos, para que nadie pretenda evitar el tema… Está ahí, es un problema y tenemos que encontrar una solución”.
Desde el pasado mes de diciembre, Unicef busca recaudar $1.382.000.000 para desarrollar un sistema de agua potable en las escuelas de Manaure, el cual beneficiará a más de 1.500 personas. Hasta ahora se han recolectado más de $200.000.000. Si quiere solidaridarzarse con esta causa, pida su #DeseoQueAyuda aquí.
MARÍA DEL PILAR CAMARGO CRUZ
Redacción EL TIEMPO
@PilarCCruz
pilcam@eltiempo.com

Tomado de:  http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/desnutricion-en-la-guajira-los-ninos-wayuu-que-lloran-y-no-botan-lagrimas/15450336

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