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jueves, 20 de octubre de 2011

Tulpa de Mujeres Indígenas “Hemos aprendido a resistir, pero no es la forma de vida que soñamos”

El movimiento indígena colombiano se ha caracterizado por su fuerza y su lucha incansable por la defensa de sus derechos. Un buen ejemplo de ello son las comunidades del departamento del Cauca, en donde la organización indígena ha logrado hacer frente a las duras problemáticas de la región, agrupándose desde 1971 en el CRIC - Consejo Regional Indígena del Cauca.



El CRIC está dividido en nueve zonas, una de ellas, la zona norte, que reúne 14 resguardos y 16 cabildos indígenas de 7 municipios (Toribío, Caloto, Miranda, Corinto, Jambaló, Santander de Quilichao y Suárez). Este territorio, habitado en un 95% por población indígena, que convive con comunidades afro y campesinas, se ha organizado a su vez en la ACIN - Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, proceso que ha contado entre sus protagonistas con las mujeres.


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Ana Deida Secue


“Como mujeres siempre hemos estado organizadas, desde la Cacica Gaitana venimos en ese pie de lucha (…) así que ya son más de 519 años de resistencia” señala Ana Deida Secue, quien fue gobernadora del resguardo indígena de Huellas Caloto, y actualmente es coordinadora jurídica -desde el derecho propio- de la ACIN.

Es ese proceso organizativo el que logró conformar el “Programa Mujer”, desde hace cerca de veinte años, y más recientemente, la “Tulpa de Mujeres”, de la que participan entre 40 y 50 integrantes, que han concertado una agenda de trabajo en torno al fortalecimiento de la participación de la mujer indígena. 

La “tulpa” es el fogón, el cual constituye en la cosmogonía de estos pueblos indígenas no sólo el lugar donde se preparan los alimentos sino también el sitio de congregación de la comunidad. Así, la Tulpa de Mujeres es el espacio para “volver a la raíz, volver a los sueños”, como afirma Ana Deida, “cuando nuestros mayores hacían sus fogatas, las hacían a través de la Tulpa. Ahí se sentaban con la familia a pensar y a proyectar ideas”.

Siguiendo esa imagen ancestral, la Tulpa de Mujeres en el norte del Cauca se reúne quincenalmente para proyectar la construcción del gobierno propio desde las mujeres: “a través de la tulpa se puede tejer, se puede seguir hilando y caminando con las demás mujeres”.

Y es que la situación de las mujeres en estos territorios es muy compleja. Como afirma Rosalba Velazco del cabildo indígena de Muchique Los Tigres: “es cierto que el conflicto nos afecta a todos, pero hay situaciones muy particulares de las mujeres: el involucramiento con los actores armados, las violaciones sexuales y unos casos muy terribles de tortura y asesinato”.

Alejandra Llano, coordinadora de los procesos de educación autónomos de la ACIN, quien pese a no haber nacido en una de estas comunidades indígenas se reconoce como tal luego de doce años de trabajo con ellas, insiste en las dramáticas consecuencias que ha traído la militarización de estos territorios: “para nosotras, la presencia de todo actor armado es un problema y representa un riesgo, en tanto la presencia de un actor implica la acción del otro y las comunidades siempre quedamos en el medio”.

Por lo mismo -agrega- “la organización indígena siempre ha estado planteando que para alcanzar la paz es necesaria una salida dialogada al conflicto armado en este país, y que esa es la posibilidad de que hayan condiciones para el desarrollo de otras cosas que son fundamentales para el plan de vida de las comunidades”. 

Ese plan de vida deseado, que inspira el trabajo de la Tulpa de Mujeres, pasa también por reconstruir los lazos familiares y comunitarios que la guerra ha ido resquebrajando. Rosalba lo tiene muy claro: “la paz para nosotras también parte de la familia. Si no tenemos en la familia una convivencia armónica, que nos permita el equilibrio, no vamos a lograr que eso pase a la organización, ni mucho menos que se vea reflejado a nivel más general”.

La propia tierra indígena, sobreexplotada y en muchos casos despojada, es otro de los grandes frentes de defensa de la Tulpa de Mujeres, pues: “nuestra madre tierra es la que nos ha parido, es la que nos da el sustento, es la que nos permite recrearnos en ese núcleo familiar como mujeres”, como afirma Ana Deida.

Con la mirada puesta en ese horizonte de recuperación de la tierra, de la familia y de la autodeterminación de las mujeres, la Tulpa asiente con que “la paz se construye mirando las diferentes ideas, los diferentes pensamientos, y no la hacen unos pocos, se construye con todos y todas (…) pero tiene que salir desde el corazón”. 

“Se ha dicho que solamente el Estado está autorizado para establecer diálogos de paz, pero es dentro de las comunidades donde están los actores armados, y hay momentos en que es necesario hacer una exigencia directa, por eso proponemos que también sean otros los espacios de diálogo, porque la paz no la hace solamente el Estado”, concluye Alejandra. La Tulpa de Mujeres, como siempre lo han hecho ellas durante estos siglos de resistencia indígena, contribuye con su trabajo en la construcción de esos espacios.


Por: Nancy Prada Prada

Redacción "Paz con Mujeres"

Tomado de:  Paz Con Mujeres -   http://www.pazconmujeres.org/pagina.php?p_a=7&de_bus=s&id=40dc67979ff5c8192a5b7e23477e0503#pl3 

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