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viernes, 25 de febrero de 2011

¡Ah propósito!


Por Karmen Ramírez Boscán
Epaya’a Miou – Consejera Mayor
Sütsüin Jiyeyu Wayuu – Fuerza de Mujeres Wayuu


Al cumplirse ya los 5 años de existencia de la Fuerza de Mujeres Wayuu – Sütsüin Jiyeyu Wayuu, hablar someramente de una aproximación al proceso organizativo que adelantamos las comunidades Wayúu afectadas por el fenómeno del paramilitarismo en nuestro territorio,  es bastante complicado, especialmente cuando al mismo tiempo se pretenden hacer algunos planteamientos relacionados con las nuevas formas de resistencia que, frente al conflicto armado interno colombiano, hemos venido trazando desde la Sütsüin Jiyeyu Wayúu – Fuerza de Mujeres Wayúu.

Antes de entrar en materia, es necesario referirse a dos tipos de procesos organizativos que desde siempre coexisten al interior de nuestros Pueblos Indígenas.  Aunque en algunos Pueblos Indígenas con mayor intensidad que otros, uno de los procesos está estrictamente relacionado con la estructura cultural propia, tradicional, fundamentalmente ancestral, que si bien ha persistido desde todos los tiempos, no es invariable, de hecho muchos pueblos indígenas han debido enfrentar cambios fundamentales que determinantemente han transformado patrones culturalmente esenciales.  Los otros procesos se relacionan estrechamente con la necesidad de idear estrategias que consientan la construcción de salidas para enfrentar ciertas necesidades que forzosamente manan en determinados lapsos históricos y que desbordan la capacidad de organización tradicional.

Es preciso mencionar esto porque categóricamente los pueblos indígenas de hoy no somos exactamente iguales a los de antes. Constantemente hemos sufrido transformaciones, no solo desde hace 500 años, sino que desde siempre, miles de razones han contribuido a que estos cambios hayan sido definitivos para nuestra pervivencia o infortunadamente para la desaparición absoluta de algunos de nuestros pueblos hermanos, puesto que no todos los pueblos resistimos de la misma manera, como diversas son nuestras culturas, nuestros territorios, pensamientos y sueños.

Justamente varias comunidades del Pueblo Wayúu, en este momento, damos cara a algunos de esos cambios estructurales, que han sido marcados por la presencia de actores armados en nuestro territorio, o por la explotación de recursos naturales que involucran intereses de multinacionales, entre otros.  Difícilmente hemos recorrido un largo camino que apenas comienza, pero hemos logrado entender durante estos pocos años de proceso organizativo, que solo procurando criterios consensuados conjuntamente para defender lo nuestro, podremos enfrentar un monstruo que si bien no nos exterminará instantáneamente, sí nos carcome precipitadamente, provocando mutilaciones tajantes a las fibras más profundas de nuestra identidad y nuestro patrimonio cultural que indiferentemente son los que nos permiten  subsistir en este tiempo y espacio.   

En este momento crítico de la historia colombiana, las mujeres indígenas de todos los pueblos, hemos emprendido una labor difícil como peligrosa pero al mismo tiempo valiente, que nos ha permitido dar vuelta a algunos patrones culturales, otrora intocables al interior de nuestras propias culturas. 

Las mujeres Wayúu, desde que inició la arremetida paramilitar en nuestro territorio y particularmente en algunas comunidades de Maicao (sin desconocer, por supuesto, otras comunidades que adelantan procesos importantes en la Alta Guajira y a las cuales reconocemos de manera respetuosa), hemos asumido bravamente la tarea de interponer denuncias por las constantes violaciones a los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos contra mas de 200 Wayúu por los antes AUC que hoy se autodenominan Águilas Negras o son denominadas por el gobienro BACRIM – Bandas Criminales Emergentes.  En principio nadie quería escuchar del tema y tampoco las y los Wayúu sentíamos que debíamos hablar de la problemática que resistíamos silenciosamente, dramáticamente.

Llama altamente la atención que algunas de las organizaciones Wayúu con mayor trayectoria en los escenarios de las reivindicaciones políticas y vinculadas al movimiento indígena nacional, guardaran silencio frente a las violaciones que se estaban cometiendo por parte de los paramilitares en contra de varias comunidades de nuestro pueblo.  Esta posición podría explicarse por varias razones como son, desconocimiento, temor, tolerancia o incapacidad de trascender los límites culturales para alcanzar un equilibrio con lo externo, desde la concepción propia.

Es aquí cuando los cambios a los que me referí anteriormente se tornan definitivos para nuestro fortalecimiento y crecimiento.  Particularmente considero que nuestra cultura no debe ser la excusa que nos impida enfrentar realidades que en algunos momentos pueden resultar desconocidas, contribuyendo a que gravemente se nos divida.  Sin embargo, tristemente desde muchos escenarios, especialmente internos, se afirma que el Pueblo Wayúu carece de liderazgos representativos, y que por el contrario, cada vez existen más y más organizaciones de papel, (que al momento para el caso del Pueblo Wayúu, llegan a ser algo más de 1400), las cuales definitivamente prevalecen por intereses particulares relacionados fundamentalmente con la canalización de recursos de los gobiernos locales, así como del sistema general de participaciones o, de la cooperación internacional.  Esto comporta la necesidad de cuestionar profundamente la corrupción que indudablemente ha generado cambios estructurales altamente negativos los cuales se han desplegado por supuesto, sin ningún tipo de reflexión interna.

Definitivamente, no debemos simplemente arrojar nuestras propias responsabilidades a otros o a otras como un pretexto para ocultar una verdad latente, que alimenta las posiciones acomodadas de gobiernos opresores.  Hablar desde un pueblo indígena como el Wayúu que tiene un sistema social descentralizado, el cual tradicionalmente se encuentra dividido por clanes, con muchos liderazgos cuya representatividad se circunscribe a escenarios específicos, desde mi punto de vista no es más que una disculpa que solo intenta ocultar debilidad e incapacidad para asumir los cambios de manera conciente.  Como Wayúu que somos no debemos permitir que las condiciones de las dinámicas organizativas tradicionales basadas en los grupos familiares y los clanes, nos impidan enfrentar una problemática que ya no es ajena para ninguno de nosotros, sin  que esto se entienda como la ruptura absoluta de una cultura milenaria, sino mas bien la reinvención de nuevas estructuras o instancias organizativas que concilien la tradición y el cambio. 

Nosotras mismas como mujeres indígenas, hemos apostado, en principio inconcientemente, a esta propuesta de reinvención.  Es por esto que aprovechando los privilegios que como mujeres Wayúu tenemos al interior de nuestras comunidades, los cuales nos permiten ciertos niveles de participación y toma de decisiones importantes, hemos entendido que definitivamente las guerras que se estaban y siguen llevando a cabo en nuestro territorio y que insistentemente pretenden involucrarnos, van mas allá de nuestras formas de mantener el equilibrio y la paz por medio de las guerras internas entre familias; decididamente nos hemos dado a la tarea de aprender a movernos en escenarios políticos tanto locales, como nacionales e internacionales, los cuales antes eran intimidantes e intocables para nosotras;  asimilamos la necesidad de establecer alianzas con otros pueblos indígenas, con el movimiento indígena nacional y con organizaciones indígenas de otros pueblos para que nuestras demandas se multipliquen; aprendimos a incidir en las instituciones, pero también a exigir por la protección de nuestros derechos.  En este recorrido, hemos conocimos también otros pueblos tribales, como el Sami, un pueblo mucho mas numeroso que el Wayúu, localizado en los países Nórdicos (noruega, Suecia, Finlandia y Rusia) o el Inuit, un pueblo localizado en Estados Unidos Canadá y Groenlandia, los cuales siendo tribales uno y otro, han logrado la conformación de espacios internos que les permiten ser mas fuertes políticamente al momento de exigir respeto por sus derechos, y al mismo tiempo, como las mujeres Kuna de Panamá o las Maya Tzeltal de México han logrado transformar juiciosamente parámetros antes impensables, por la reivindicación de lo propio y la protección de lo tradicional.

Si los cambios se están ocurriendo sin la menor intensión de reflexión, desde el momento que emprendemos un viaje sin retorno a alguno de los centros urbanos que nos rodean, bien sea por necesidad o bien sea por fuerza mayor: ¿por qué no podemos articular una propuesta conjunta para exigir el respeto por nuestra cultura, por nuestro territorio y especialmente por nuestra vida? ¿Por qué no procuramos espacios que nos permitan discernir estos cuestionamientos, así como otros más que seguramente, ya han surgido? 

La SJW-FMW es un esfuerzo pequeño que procura dinamizar un proceso alrededor de las victimas que hemos promovido desde el Cabildo Wayúu Nóüna de Campamento, localizado en Maicao. 

Desde el Cabildo Wayúu Nóüna de Campamento localizado en jurisdicción de Maicao, hemos procurado dinamizar el proceso organizativo alrededor de las victimas Wayúu del paramilitarismo.  En principio solo éramos unas cuantas familias enfurecidas con ganas de hacer justicia, pero poco a poco se fueron sumando mas y más familiares de víctimas que no estaban dispuestos a guardar silencio y que en una u otra medida buscábamos aunar esfuerzos.  Hoy por hoy, hemos conformado la Sütsüin Jiyeyu Wayúu – Fuerza de Mujeres Wayúu en donde hacemos esfuerzos muchos Wayúu de diferentes familias, clanes, territorios, con diversas formas de concebir el mismo mundo Wayúu que nos representa, unidos a pesar de millones de razones internas que difícilmente hubieran posibilitado estos espacios, por una misma causa, la de defender el honor de nuestros muertos, la de limpiar sus nombres para que puedan descansar en paz y emprender su último viaje a Jepira. 

La SJW-FMW la componemos mujeres delegadas de organizaciones, cabildos, asociaciones de autoridades tradicionales, para aunar esfuerzos en torno a la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas del Pueblo Wayuu, pero también hay hombres Wayuu.  En nuestros inicios, hemos procurado dar a conocer la crisis humanitaria que enfrentan algunas de las comunidades que han sido afectadas por el fenómeno del paramilitarismo, pero estamos seguras que no podemos limitarnos en los temas, cuando esta problemática es un conjunto de reiteradas violaciones y negaciones de derechos para nuestro pueblo.

No pretendemos ser la organización 1401 del Pueblo Wayúu, tampoco la que represente a todo el Pueblo Wayuu cuando hay tanta diversidad interna, sino mas bien, un espacio facilitador que promueva el diálogo para la adecuada articulación y coordinación de trabajo prioritariamente sobre temas relacionados con los derechos humanos.

Desde aquí hemos procurado dar seguimiento a las propuestas planteadas por nosotros en múltiples reuniones tanto internas como del orden interinstitucional e interagencial.  Procuramos de la misma manera llamar la atención de organizaciones de derechos humanos para que hagan presencia más permanente en el territorio y comprueben, pero al mismo tiempo nos apoyen, en la difusión de una realidad que permanece imperceptible para algunos sectores.

Cuando se cumplen entonces cinco años de camino, afirmamos que nuestro trabajo, por obtener verdad, justicia y reparación, reivindica la sangre de los Wayuu que ha sido derramada en Wounmainkat – Nuestra Tierra.

¡Porque en Wounmainkat los Únicos Gigantes somos los Wayuu!

Maikou, Wajira, Wounmainkat,
Enero de 2011

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