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viernes, 4 de septiembre de 2009

Mujer, garante de vida


Susan Abad
03/09/2009



Presencia determinante de la mujer en la cultura, sabiduría y salud de los pueblos indígenas.

La aplicación del modelo ancestral para sanar al mundo fue una de las principales propuestas hechas por los participantes en un evento que reunió a médicos ancestrales y en el que destacó la presencia de mamas, taitas, chamanas y sabedoras de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

En el marco del Primer Encuentro Internacional de Culturas Andinas, realizado del 25 al 30 de agosto en la ciudad colombiana de Pasto, capital del departamento suroccidental de Nariño, se llevó a cabo el Encuentro de Médicos Tradicionales, al que se invitó a mujeres y varones de las comunidades kogi, wiwa, arhuacos, ingas, amentsá, siona, huitoto, maya kiché, kofán, lakota, guanano, desana, sicuani, mapuche, maya mam, kichua inca, kallawaya, piapoco, mexica y wayuu, provenientes de diversos puntos del continente.

Dentro de las reflexiones que se vivieron en este encuentro resaltó el deseo de que se gesten procesos de integración de las formas de medicina occidental con la medicina ancestral y se reconozca, proteja y promueva como patrimonio cultural de los pueblos las prácticas de curación propias.

Quince abuelas compartieron su conocimiento a través de la vida en la maloka (casa comunitaria) Tiksi Muyu. Otras mujeres se reunieron con los jóvenes en el diálogo intercultural “La sagacidad de los jóvenes de la mano de la sabiduría de los mayores”, mientras en el tambo-maloka Casa Guamuca, la cacica María Mueses, del municipio colombiano de Potosí, dirigía una ceremonia de yagé, o ayahuasca, planta medicinal y de conocimiento considerada sagrada por etnias andino-amazónicas de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.

Bárbara Three-Crow, del pueblo lakota de EEUU, presidió la ceremonia que reunió a todos los médicos tradicionales que a lo largo del encuentro desarrollaron conferencias, conversatorios, danzas, ceremonias y rituales de sanaciones, y limpiezas espirituales.

Mujeres y hombres de igual a igual
Orgullosa de su participación, la mama Luz María Otavalo, de la asociación de chamanes de Yachac’s, de la parroquia ecuatoriana de Iluman, afirmó a Noticias Aliadas en kichua —traducida al castellano por su hijo Joaquín de la Torre— que “no queremos que se pierdan esas maravillosas costumbres que tenemos los indígenas. Nosotros no vamos al médico pero sabemos como curarnos”.

Asegura que aunque en su comunidad, también llamada otavalo, la mayoría de los chamanes son hombres, ella “trabaja igual con el hombre, que son sus urcutayta (compañeros). Hombres y mujeres somos iguales”.

La misma igualdad se vive en el pueblo wayuu que tiene su asentamiento en la frontera entre Colombia y Venezuela, relata Leonor Viloria, de la organización Fuerza de Mujeres Wayuu.

“La palabra chamanismo se ha satanizado en occidente. Nosotros tenemos nuestras autoridades espirituales propias que son las outsuu, que cumplen un papel muy importante en la salud” explica. “La salud para nosotros es la relación entre el individuo y el entorno. No se trata simplemente de que yo tengo un dolor y que me lo tengo que curar. Es un proceso que incluye entorno, incluye la naturaleza, los demás viviente, los animales, yo y mi interior”.

La dirigente indígena asegura que en ese entorno “las mujeres outsuu cumplen un papel muy importante y son muy respetadas. Al igual que los varones, ellas heredan sus conocimientos de sus progenitores o un familiar desde antes de su nacimiento. Hay un espíritu protector, Seyu, que es el que le da las enseñanzas al outsuu y le revela por medio de sueños quién heredará las facultades que en ese momento tiene en reposo”

“Son miles las mujeres que participan en la sanación de sus pueblos y en una experiencia no solamente formadora, sino transformadora de unos estilos de vida frente a la comunidad y al entorno”, explica a Noticias Aliadas el antropólogo William Torres, director del Centro Internacional de Investigaciones Chamánicas e indígena descendiente que la desaparecida comunidad Panchis.

Madre sagrada
Lamentando que no exista un estudio específico sobre las mujeres dedicadas a esta labor, dice que “la participación de las mujeres es muy diferente en cada comunidad. Hay comunidades en que la mujer tiene una valoración muy especial como por ejemplo en la Sierra Nevada de Santa Marta [al norte de Colombia], donde la mujer es la madre sagrada, la tierra, y en la familia es el ser más importante y más sagrado”.

Sin embargo, señala que “hay comunidades que por efecto de la educación que han recibido, de la influencia cultural de occidente, la mujer ha sido relegada y, desafortunadamente, no tiene mayor valor. No podría decir una estadística de cuantos son los que valoran más o cuantos menos, pero si puedo decir que en las comunidades donde los cambios culturales dados por la educación formal —que llegó del mundo occidental y las religiones— la valoración de la mujer es casi nula. Donde es más pura la cosmovisión de nosotros [la mujer] es más valorada”.

La tarea de que las comunidades mantengan sus tradiciones, su cultura y hasta la vestimenta tradicional, recae en la mujer en la mayoría de las comunidades. Con respecto a esto último Daisy Chávez Nabisoy, perteneciente a la comunidad inga del sur de Nariño, dice que a sus 23 años no se avergüenza de vivir en la ciudad y vestir su traje tradicional de lana de falda negra y camisa blanca adornada de vistosos collares.

“En realidad cuando uno tiene la vocación, cuando tiene el espíritu no es tan complicado. Así las personas lo miren como una persona diferente o rara uno lleva la esencia. Desde el corazón somos indígenas y nos sentimos orgullosos”, dice.

La importancia y participación del género femenino se plasmó en el Mensaje de los Pueblos Originarios de América, emitido al final del encuentro desde La Cocha, en Guamue, Nariño, donde abuelas y abuelos, mamos y mamas, médicos y médicas tradicionales, taitas, sabedores de la cultura ancestral y guías espirituales piden, entre otros puntos: “Se valore el lugar de la mujer como garante de la vida, transmisora de la cultura y cuidadora de la sabiduría y salud de nuestros pueblos”.

Tomado de:http:

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