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lunes, 8 de octubre de 2007

“LA ARROGANCIA DE “JORGE 40” NO PODRÁ CONTRA LA VOLUNTAD DE NUESTROS MUERTOS WAYÚU”

Homenaje a las víctimas Wayúu del conflicto armado
Por:
KARMEN RAMÍREZ BOSCÁN
Rodrigo Tovar Pupo, más conocido en el mundo delincuencial del paramilitarismo con el alias de “Jorge 40”, mando responsable del llamado “Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)”, entre el 2 y el 5 de octubre de 2005 estuvo en el Centro Cívico de Barranquilla (Atlántico) rindiendo su segunda versión libre ante la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación.

Pese a las numerosas y justificadas reservas que las víctimas y sobrevivientes Wayúu tenemos respecto de las posibilidades efectivas y reales que la Ley 975 del 25 de julio de 2005, conocida como “Ley de Justicia y Paz”, brinda para garantizar adecuada e integralmente los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación y a brindar garantías para la no repetición, una amplia delegación de líderezas y autoridades Wayúu, principalmente provenientes de la Media Guajira, con el apoyo de oenegés de derechos humanas solidarias, se hicieron presentes en el Centro Cívico con el propósito de, como se dice en la jerga jurídica, recabar información sobre las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que cerca de doscientos Wayúu fueron ya sea asesinados o desaparecidos forzadamente por estructuras paramilitares en La Guajira.

Decepción, rabia e indignación de las víctimas

Luego de dos días de escuchar el tedioso y largo discurso de alias “Jorge 40”, cargado de lugares comunes y salpicado de artilugios retóricos sobre el origen, evolución y dinámicas de las estructuras paramilitares en algunos departamentos del Caribe colombiano y ante el silenciamiento e invisibilización deliberados de la sistemática arremetida paramilitar cometida contra comunidades del pueblo Wayúu que fuimos victimizadas con la finalidad de consolidar un control territorial que les permitiera a estos grupos armados ilegales el ejercicio de sus actividades delictivas, las víctimas y sobrevivientes Wayúu que asistimos a la versión libre, decepcionados y frustrados optamos por regresar a nuestros lugares de origen por respeto a nuestros muertos, antes que se completara la versión libre, confirmándose con ello que en la mencionada “Ley de Justicia y Paz” las olvidadas seguimos siendo desafortunadamente las víctimas.

Alias “Jorge 40”, haciendo gala de una arrogancia desmedida, no sólo no reconoció ninguno de los crímenes cometidos contra comunidades del pueblo Wayúu sino que justificó el despliegue del terror de las bandas paramilitares en La Guajira, argumentando una pretendida lucha contrainsurgente en la cual, especialmente para ciertas áreas del territorio Wayúu como las vías que del casco urbano de Maicao conducen a los corregimientos de La Majayura y Carraipía, los Wayúu simplemente fuimos considerados como parte de la insurgencia armada. Según la perversa lógica de alias “Jorge 40”, el llamado “Frente Contrainsurgencia Wayúu” no asesinó ni desapareció forzadamente a ningún Wayúu, sino que “dio de baja” y “ajustició” fue a miembros pertenecientes a las guerrillas.

Indignación y rabia en las víctimas y sobrevivientes Wayúu han desatado las mentirosas y simplistas explicaciones que alias “Jorge 40” ha estado dando respecto de la inconmensurable tragedia del pueblo Wayúu, razón por la cual rechazamos con vehemencia su recurrente intencionalidad de invisibilizar los crímenes cometidos por las estructuras paramilitares a su mando contra varias comunidades del pueblo Wayúu lo mismo que sus acomodadas justificaciones de que los Wayúu muertos y desaparecidos por los paramilitares eran insurgentes.

Entre el “Frente Contrainsurgencia Wayúu” de ayer y las “Águilas Negras” de hoy

Para nosotros, las víctimas y sobrevivientes Wayúu del paramilitarismo, alias “Jorge 40” desde un principio no fue honesto con el proceso de paz, dado que en forma reiterada el “Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, (AUC)” incumplió el punto 6 del llamado “Acuerdo de Santa Fe de Ralito para Contribuir a la Paz de Colombia”, suscrito el 15 de julio de 2003 entre el Gobierno Nacional y los mandos de las “Autodefensas Unidas de Colombia, (AUC)”, en el cual éstas se comprometen “con el cumplimiento del cese de hostilidades, como expresión de buena voluntad y continuarán con sus esfuerzos para lograr que sea totalmente efectivo”.

Es así como desde el 15 de julio de 2003, fecha en que se suscribió el mencionado acuerdo, y hasta el 9 de marzo de 2006 cuando se escenificó la llamada “desmovilización” del “Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, (AUC)”, en Maicao al menos cuarenta y tres (43) Wayúu y en el resto de los municipios de La Guajira alrededor de quince (15) Wayúu fueron asesinados y/o desaparecidos por paramilitares, en áreas donde estas estructuras ejercían un casi absoluto control.

De lo que tenemos conocimiento, alias “Jorge 40” no ha aportado a la fecha datos precisos, concretos y detallados que ayuden a conocer la verdad de los hechos y, contrariamente, ha venido ocultado muchos de los asesinatos y desapariciones forzadas causadas por las estructuras paramilitares que se encontraban a su mando. Como se ha dicho, no sólo no ha querido confesar sus crímenes y actos delictivos sino que ha desplegado todos sus esfuerzos para justificarlos. Así mismo ya ha anunciado que la guerra lo dejó en la quiebra y que, consiguientemente, no cuenta con los recursos para reparar a las víctimas.

Como si fuera poco varias de las estructuras del “Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)” fueron remozadas y hoy por hoy continúan activas en La Guajira. En ese contexto llama especialmente la atención que entre las llamadas “Águilas Negras” de hoy y el denominado “Frente Contrainsurgencia Wayúu” de ayer, más que rupturas y quiebres existen sorprendentes permanencias y continuidades, que hace a veces muy difícil deslindar lo que ayer fue una estructura armada de lo que hoy es otra. En todo caso después de la “desmovilización” del “Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)” los crímenes contra los Wayúu no han cesado. Sobre el particular puede decirse que en Maicao al menos once (11) Wayúu y en el resto de municipios de La Guajira alrededor de siete (7) Wayúu, han sido asesinados por estructuras paramilitares que continúan operando en el departamento.

Todo lleva a pensar que no fue proporcional el desmonte de los aparatos militares con el desmantelamiento de las estructuras económicas y de las maquinarias políticas establecidas por las bandas paramilitares en la región, puesto que el control sobre los circuitos económicos, tanto legales como ilegales, así como el poder político conquistado, siguieron funcionando con una que otra modificación hecha con el fin de adaptarse al nuevo contexto de “postdesmovilización”. Al parecer con la consolidación, a través del terror, de un enorme poder económico con el cual de paso se accedió a una alta incidencia política, el recurso de la violencia abierta cada vez fue menos necesario, dado que el objetivo de control y dominio paramilitares había sido conseguido.

¿Dónde quedan la verdad, la justicia y la reparación?

Como las víctimas y sobrevivientes Wayúu estamos interesados en que haya justicia, no acabamos por entender como es posible que alias “Jorge 40”, un criminal responsable de múltiples asesinatos y de aberrantes masacres y que cometió no pocos delitos de lesa humanidad, pueda terminar purgando una condena de tan solo ocho años de prisión, la que disminuiría significativamente al restarle el tiempo que ha permanecido detenido en una cárcel de máxima seguridad en Itagüí (Antioquia).

Como las víctimas y sobrevivientes Wayúu estamos interesados en que haya reparación, para lo cual es imprescindible que haya justicia, no terminamos por comprender cómo podríamos ser plena e integralmente reparados cuando nuestros victimarios, al cabo un breve período de prisión especial, quedaran libres y seguramente conservando su incidencia en las regiones donde operaban sus estructuras paramilitares.

Como las víctimas y sobrevivientes Wayúu estamos interesados en que haya verdad, para lo cual es necesario que se sepa a fondo y con detalles las razones por las cuales --como parte una estrategia organizada y sistemática-- cerca de doscientos Wayúu fueron asesinados o desaparecidos, no logramos explicarnos de qué manera puede surgir la verdad cuando la tragedia del pueblo Wayúu sigue siendo invisibilizada.

Finalmente, como las víctimas y sobrevivientes Wayúu estamos interesados en que no se repitan los trágicos hechos, no conseguimos entender porque los sectores políticos y económicos de la región que se enriquecieron con el accionar del paramilitarismo ya sea porque lo apoyaron abiertamente o porque lo toleraron rayando en la complicidad, así como los de la fuerza pública y organismos de seguridad del Estado que con sus relaciones fortalecieron al paramilitarismo, siguen como si nada hubiera pasado.

La jurisdicción de la Corte Penal Internacional no se puede descartar

Con seguridad las víctimas y sobrevivientes Wayúu de paramilitares y autodefensas nunca quedaremos plenamente conformes respecto a la satisfacción de nuestros derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación, conociendo que alias “Jorge 40” y otros mandos paramilitares del llamado “Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, (AUC)”, cumplirán una pena tan irrisoria por los graves delitos cometidos, en razón a que estimamos que el tiempo que pasarán tras las rejas no se compadece con la profundidad de los daños ocasionados a nuestro pueblo y a otros pueblos indígenas de la región. De la misma manera, tampoco sentiremos que nuestros derechos serán garantizados apropiadamente ante la eventualidad que alias “Jorge 40”, por las razones de todos conocidas relacionada con el incumplimiento de los requisitos, perdiera los beneficios de la “Ley de Justicia y Paz” y fuera extraditado a Usamérica ya que este país, más interesado en su “guerra contra las drogas” que en cualquier otra cuestión, a cambio de información sobre rutas y contactos del narcotráfico podría llegar a acuerdos con los detenidos, lo que podría derivar en que se posponga indefinidamente la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas y sobrevivientes Wayúu.

Alias “Jorge 40” ha hecho demasiados méritos para perder los beneficios jurídicos que actualmente lo amparan. No ha dicho toda la verdad, ha ocultado muchos de los crímenes que ha cometido, no ha aportado pruebas que apunten al esclarecimiento de los hechos, ha negado deliberadamente sus nexos con políticos y gremios económicos, no se ha referido a la connivencia estrecha entre paramilitares y fuerza pública, ha expresado que no tiene la capacidad para reparar a las miles y miles de víctimas causadas por sus estructuras, su prepotencia es una afrenta para las víctimas y sobrevivientes y, según documentan ampliamente los medios de comunicación, ha continuado relacionado con las estructuras paramilitares que siguen operando en la región. Si de verdad en Colombia hay justicia y se confía en las instituciones judiciales existentes, el corolario lógico debiera ser que los paramilitares que incumplan con los requisitos establecidos en la “Ley de Justicia y Paz” fueran juzgados, en Colombia, por la ley ordinaria. En relación con los derechos a la justicia que tenemos las víctimas y sobrevivientes, cabe pensar que este escenario nos dejaría mucho más conformes.

Como, al parecer, todo va en la perspectiva que alias “Jorge 40” y otros mandos paramilitares del llamado “Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, (AUC)”, terminen cumpliendo sus bajas penas de prisión en centros de reclusión especiales, es posible pensar que nosotros, las víctimas y sobrevivientes Wayúu, despleguemos todos nuestros esfuerzos y capacidades para conseguir que la Corte Penal Internacional (CPI) adquiera jurisdicción sobre los paramilitares que han cometido flagrantes violaciones a los derechos humanos, ordenaron y participaron en crímenes de guerra y están involucrados en delitos de lesa humanidad. Probablemente este sería el escenario que permitiría que a las víctimas y sobrevivientes Wayúu nos garantizaran integralmente nuestros derechos.

A estas alturas y para concluir estas reflexiones, es lícito preguntarse lo siguiente: ¿Si el Gobierno Nacional, que siente especial predilección por extraditar a los colombianos para que sean juzgados en Usamérica, antes de someterlos a las leyes propias, por qué no busca que la CPI juzgue a todos los paramilitares?

Maikou (Wajiira), 8 de octubre de 2007











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