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viernes, 24 de agosto de 2007

LAS TRES CARAS DE LA GUAJIRA

Por:
MOIR
En 2005, el departamento de La Guajira cumplió 40 años de existencia y es ahora uno de los más ricos del país en recursos naturales. Sus reservas probadas de carbón son de 3.670 millones de toneladas, que se exportan a través de Puerto Bolívar a donde llegan diariamente desde la mina de El Cerrejón, que es una de las de "cielo abierto" más grandes del mundo, cerca de 10 convoyes de 132 vagones de ferrocarril. En las inmediaciones de La Guajira se desarrollan las explotaciones de gas natural que proveen de ese combustible al 75% del país y su producción diaria puede llegar a 400 millones de pies cúbicos; además se exploran con buenas expectativas posibles yacimientos petrolíferos, "costa afuera", del denominado Bloque Tayrona, cerca de su circunscripción. Por su territorio se planea pasar el gasoducto binacional de Colombia y Venezuela y se sabe que en Manaure ha existido una explotación tradicional de sal que fue el mayor yacimiento de sal marítima de Colombia, la tercera salina marítima en el mundo y la más grande de Suramérica, reducida ahora por el abandono presupuestal.

La manía neoliberal ha hecho de las suyas en la explotación de estas riquezas. El agotamiento de los recursos se lleva a cabo en condiciones cada vez más favorables para las multinacionales y más ominosas para el interés nacional. El país conoció las denuncias, basadas en datos de la misma Contraloría General de la República, acerca de la inicua extensión del contrato de la explotación de gas en Chuchupa a favor de Chevron Texaco hasta 2016, desechando la reversión que estaba pactada para el año 2006 a favor de ECOPETROL. Se podrán extraer cerca de 1.000 gigapiés adicionales de gas con una inversión para la cual la Empresa Estatal tenía condiciones de solvencia. Y, así mismo, nadie explica cómo en una circunstancia previsible sin precedentes históricos de precios al alza se vendió en 2001 la participación oficial en El Cerrejón. Luego de cinco años de dicha operación, el valor de la tonelada se ha multiplicado por más de tres. Las ventas anuales superan el billón y un tercio de pesos, de los cuales apenas el 10% circula en la economía nacional. La Contraloría evaluó la insólita transacción y decidió abrir investigación a tres ex ministros determinantes de un negocio que se hizo por 383 millones de dólares cuando el precio fijado era de 435. Glencore, uno de los propietarios, vendió la parte adquirida ganando más de un 40% de lo que pagó.

La Guajira recibe menos de 130 millones de dólares de regalías anuales por tanto saqueo, medio millón de pesos por habitante, y esto explica otra cara del asunto: el resultado social de 520.000 guajiros de los cuales casi 200.000 pertenecen a comunidades Wayúu. Pese a tanta riqueza, casi ninguno de los indicadores, ni de calidad de vida, ni de acceso a servicios públicos, ni de analfabetismo, ni de cobertura en educación y salud, ni de pobreza ni de indigencia presenta resultados más positivos que los promedios de Colombia. El empleo es precario, muy ligado al comercio ilícito de mercancías por algunos puntos costeros, a la venta artesanal de gasolina venezolana, al turismo rústico y a la informalidad. Y aunque los voceros de las multinacionales presentan las regalías que entregan como suficientes y justifican la aberración social como fruto de la corrupción política, la verdad es que ésta comienza desde la confección de los propios contratos de explotación de los recursos. La Guajira es un enclave colonial.

En las últimas elecciones presidenciales, La Guajira mostró una tercera cara: fue allí, junto con Nariño, uno de los dos departamentos donde ganó la propuesta democrática y contra la desigualdad de Carlos Gaviria. "Nos gustó su planteamiento", dicen muchos. En la exposición de motivos de la Ley del Congreso, que conmemoraba los 40 años de fundación del Departamento, se hablaba de las condiciones sociales allí existentes que podrían "provocar" graves conflictos, hay una resistencia ciudadana que quiere poner las cosas al derecho. De aprobarse el TLC, el paraíso colonial de las multinacionales se extenderá por todo el país, fundado en una economía extractiva que canjeará recursos naturales por excedentes de mercancías agrícolas e industriales y el medio para obtenerlas serán las míseras regalías que justifican el latrocinio y que mantendrán su bajo monto en el tiempo merced a los capítulos del Tratado que consagran la "seguridad jurídica" para los inversionistas. Es de esperar que entonces en Colombia se haya regado por doquier la semilla de la rebeldía nacida en los estériles desiertos guajiros, a prueba de toda contingencia y ya veremos qué pasa.

Tomado de: http://www.moircolombia.org/?q=node/2000016969

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