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domingo, 13 de mayo de 2007

DESPUÉS DE LA NEFASTA MARIMBA EN LA GUAJIRA,LLEGÓ LA BONANZA DEL TRUPILLO

Por: KATRIN BOLAÑO BARROS
Riohacha

Una actividad tradicional de la etnia Wayúu se ha convertido en otro atractivo para el sostenimiento económico de los grupos al margen de la Ley.

Así como en su momento el combustible venezolano y las actividades portuarias de la Alta Guajira fueron las labores a las que los grupos irregulares, especialmente las Autodefensas, ‘le pusieron el ojo’ para su sostenimiento económico, ahora el carbón vegetal es la mina de oro de los alzados en armas, porque su producción se desarrolla en la zona rural, lejos de la vista pública y bajo el amparo de ser una actividad rutinaria de los indígenas de esta zona del país.

Ecologistas consultados aseguran que esta actividad sin ningún control está acabando con las pocas reservas de trupillo, guayacán y puy, árboles típicos de la región que por esta causa están desapareciendo del paisaje guajiro.

El temor reinante en la población es que se repitan las presiones a ‘fuego y sangre’ que en el pasado generaron un número aproximado de 200 muertos entre los años 2000 y 2007, desapariciones y el éxodo a Venezuela y otros departamentos vecinos de más de mil personas de diferentes clanes Wayúu.

La denuncia la hizo el antropólogo Weildler Guerra Curvelo, quien dijo que el caso es tan grave que ya las familias Wayúu fueron desterradas de sus tierras en la ribera del río Ranchería, en el corregimiento de Aremashain, área rural del municipio de Manaure.

Explicó que “la demanda nacional e internacional del carbón vegetal es tan grande que diariamente enormes tractocamiones salen del Departamento hacia destinos desconocidos”.
Esa gran demanda del carbón vegetal es lo que ha llamado la atención de los grupos irregulares que ejercen el monopolio para su comercialización ilegal. “Me parece injusto que una actividad tradicional se convierta en el foco para generar nuevas alteraciones del orden público, y lo más doloroso es que ese negocio ilegal se les quiera atribuir a las comunidades Wayúu”, manifestó el antropólogo.

Guerra Curvelo agregó que “se están talando áreas inmensas de bosques en el departamento de La Guajira, específicamente en zonas ribereñas del río Ranchería”, por lo cual hizo un llamado a las autoridades ambientales y de control para que investiguen y le pongan fin a esta nueva alteración de la tranquilidad del pueblo Wayúu.

Ya no se trata de la venta en las calles de los sacos para el consumo en los hogares en donde no existe el uso del gas natural, que son muy pocos y que su venta sigue siendo en el área rural; ahora son grandes volúmenes de árboles talados y quemados para convertirlos en carbón vegetal, lo que pone en peligro el ecosistema, al haber mayor demanda de ese producto y no son precisamente los nativos de la región los consumidores de este carbón.

A su vez, la directora de la Corporación Autónoma Regional de La Guajira, Corpoguajira, Ana Cecilia Castillo Parodi, ratificó la denuncia hecha por Weildler Guerra y aseguró que se ha realizado acercamiento institucional para explicarles a los indígenas el daño ambiental que está generando la tala y quema de árboles.“Junto a la Policía Nacional y el DAS, funcionarios de Corpoguajira se han convertido en vigilantes permanentes de la ribera del río Ranchería para evitar el corte de árboles, quemas y la posterior comercialización; somos conscientes que existen intereses ocultos, por ello iniciamos los contactos para realizar un estudio ambiental que nos permita conocer los daños causados al ecosistema”, precisó Castillo Parodi.

Tomado de: El Heraldo. Barranquilla. 11 de mayo de 2007.
http://www.elheraldo.com.co/hoy070511/regionales/noti5.htm

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